¡Terror!

•Noviembre 9, 2009 • Dejar un comentario

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Por fín, tras largos años sin que una buena película me pusiera a pensar seriamente en el Otro Mundo, en aquello que no entendemos y a veces no quiséramos ni siquiera conocer, Paranormal Activity consiguió, no sólo hacer que cada vello de mi cuerpo se erizara y que me quedara paralizado mirando la pantalla, sino quitarme el sueño casi por completo, pendiente de cada pequeño sonido, de cada crujido de la madera del armario, del más leve ruido de pasos… del silencio por completo inusual en la calle…

El israelita Oren Peli logra reproducir el más puro Terror, no usando la típica estrategia efectista hollywoodense, sino un ambiente perfectamente construido y unas actuaciones estupendas que ofrecen verosimilitud a una historia simple protagonizada por personajes creíbles en su cotidianidad. El director ni siquiera necesita que la casa sea un viejo caserón construido sobre un antiguo cementerio y que más tarde sirvió como casa inquisitorial o como funeraria o ambas cosas; no tiene que echar mano de complejos antecedentes psiquiátricos ni parapsicológicos, y no quiere averiguar qué pasa en realidad: lo que quieren los protagonistas – y lo que queremos nosotros tras unos minutos de película – es que todo acabe, que Kate y Micah puedan tener una noche tranquila… pero, al tiempo, deseamos más del demonio que acosa a los jóvenes, queremos más fenómenos, queremos que la entidad REACCIONE  a las provocaciones de Micah…

Mi abuelo dice que uno tiene que tener cuidado con lo que desea. Y yo estaba deseando una buena película de terror.

¿Terror?

•Octubre 20, 2009 • 2 comentarios

¿Aterrorizado?Hace algunas semanas se ha vuelto a despertar en mi alma el hambre por un poco de auténtico miedo, de ese delicioso escalofrío en mitad de la espalda que Hitchcock apreciaba tanto como signo del auténtico suspense.

Pero el cine hace muchos años dejó de alimentar ese apetito por lo oscuro y lo sobrenatural y lo aterrador; una que otra luz ha iluminado por momentos el tétrico horizonte de mis macabros gustos; La versión más reciente de The Omen estuvo bien; Los Otros y quizá El Orfanato lograron, dentro de su predecibilidad, ocasionar alguna inquietud por lo oscuro. Identity y 1408 casi, casi lo logran de nuevo, pero sin alcanzar los eufóricos niveles de exquisito terror que en el pasado consiguieron Poltergeist, The Omen (la original), El Exorcista (antes de que el director le volviera  a meter mano) o Alien, el octavo Pasajero o la magistral Blair Witch Project, que tuvo – en cuanto a mí respecta – un éxito tal que desde entonces jamás volví a pasar la noche en una tienda de campaña.

Cansado de zombies (anotando que la trilogía de Resident Evil me gusta como saga de acción) y de sangre tortuosa y gratuita (y Eli Roth se puede ir al infierno), me dejé seducir por los trailers (error de principiante) de un par de producciones que prometían algo diferente.

“Extrañas Apariciones” (The Haunting in Connecticut, de Peter Cornwell) empieza a fallar desde el comienzo; es imposible desligarla de los dos bodrios cinematográficos que generó la estafa de Amityville. Y en resumen, la película no asusta.  En lugar de una sutil y creciente sensación de incertidumbre y miedo creciente, el director Cornwell recurre al simple sobresalto, al simple “¡BUUU!” sin elegancia ni estilo, un grito en el oído apoyado por efectos sonoros y visuales antiguos y repetitivos. E innecesarios hasta el punto de que la película, sin volumen, tal vez asuste más que la burda Casa de los Espantos de feria ambulante que se atrevieron a poner en las salas de cine.

No contento, esperé hasta que un nuevo título saciara el ansia tétrica.

Y el nombre de Sam Raimi (The Evil Dead, 1981) me atrajo como un imán hacia una sala a la que jamás debí entrar. Drag me to Hell tampoco se acerca siquiera al más remoto concepto de MIEDO.

En cambio, ver la película hasta el final constituye una auténtica hazaña, por todo el ASCO que hay que soportar. Las larvas, las mucosidades, los fluidos cadavéricos, no producen terror. producen repugnancia.

Así pues, el apetito de terror aún no se sacia; y la otra, la normal, tampoco, porque el asco del que responsabilizo a Raimi aún no pasa.

Sólo queda esperar a ver si nuestros brillantes administradores de cines consideran oportuno traer Paranormal Activity, de Oren Peli. ¿O será que les da miedito?

Enemigos Públicos, Michael Mann, 2009

•Septiembre 8, 2009 • 2 comentarios

Public Enemies, Michael Mann, 2009, con Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard.

Public Enemies, Michael Mann, 2009, con Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard.

La Gran Depresión… Largos abrigos oscuros que ocultan subametralladoras Thompson, cuya agarradera frontal y proveedor circular son el sello particular de las películas de gangsters; sombreros Fedora o Stetson que enmarcan miradas duras, heladas, mortales. Apenas una sangrienta continuación de los días y los asesinos del Viejo Oeste: criminales que el pueblo adora y agentes de la ley cuya única posibilidad de supervivencia es ser más letales y despiadados que los asesinos que persiguen.

Como en Heat (1995) o en Collateral (2004), Michael Mann se preocupa por mostrarnos una visión hasta cierto punto realista del crimen, con una cinematografía pensada para poner al espectador en medio de la acción – de los disparos, por cierto. Pero, también como en esas producciones, hay un cierto sesgo hacia el criminal caballeroso y heroico y las líneas de Neil MacCaulay (Robert DeNiro) en Heat: “We’re here  for the bank’s money, not your money…”, repetidas casi con exactitud por Dillinger (Johnny Depp) hablan de un ladrón de bancos cortado bajo el patrón de Robin Hood… una visión bastante norteamericana del crimen.

Desde el punto de vista cinematográfico, la película tiene unas características que podrían ponerla entre las grandes de su género; excelentes actuaciones (si bien Christian Bale empieza a ser repetitivo), cinematografía y ambientación minuciosas y detalladas, y una banda sonora con la capacidad de ponernos en el contexto histórico o de llevar  nuestras emociones hasta el fondo de la conciencia de Dillinger o de un Melvin Purvis entre la espada del deber y el muro de las ambiciones de Edgar Hoover, que no queda bien parado.

Pero desde el punto de vista ético, y como tantas otras producciones norteamericanas, Public Enemies no es más que una violenta apología de los criminales: Dillinger fue un ladrón y un asesino, y aunque no creo que robar bancos sea un  crimen mayor, visto el gigantesco robo que los bancos cometen día a día, “cada vida es irrepetible, cada persona es irremplazable, cada muerte es irreversible” y el asesinato no es una falta menor… pero aún así, Mann quiere que el público se enamore de Dillinger y deteste a Purvis, quiere que entendamos los sentimientos de Billie Frechette, para quien es maravilloso ser la novia de un criminal porque en los sitios donde vivió en su juventud nunca pasaba nada.

¿Que conclusiones pueden sacar esos chicos y chicas con pocos recursos y menos opciones, o aquellos otros con todos los recursos monetarios pero ninguna familia, educados por los medios y huérfanos por el trabajo o por la violencia, sin padres que les ofrezcan mínimos parámetros morales? ¿Que el crimen paga, que vale la pena incluso morir a traición por un disparo en la cabeza siempre y cuando la familia “quede bien”? ¿Que se justifica robar y asesinar y secuestrar porque eso es vivir y el crimen es fuente de ricas experiencias? ¿Que vale la pena ser la novia de un criminal porque les regala ropa fina y de todos modos pasarían si acaso dos cortos años en prisión para salir a disfrutar de una adinerada viudez?

Porque esta película, como casi todas las demás, olvida mostrar todo lo que en realidad acompaña al crimen: la soledad, la destrucción moral, la tristeza de las víctimas, la desesperación, el vacío que se apodera del alma cada vez que la ambición, el egoismo,  la ira, cobran una vida.

Y luego, la nación que las produce se autonombra juez del mundo, condenando a los criminales que ha ayudado a criar a través de su “arte”, así como condena el crimen que le permitió en el pasado convertirse en una nación poderosa.

Pelota de trapo, de Adalberto Agudelo Duque.

•Agosto 20, 2009 • 1 comentario
El autor, respondiendo preguntas durante el lanzamiento de la novela.

El autor, respondiendo preguntas durante el lanzamiento de la novela.

En un mundo de niebla y roca, de frío y soledad, el fútbol se convierte en la pasión, en el motor que impulsa los corazones y las mentes de personas cuya vida cotidiana no es más que una sala de espera antes del momento supremo de los pases, los cabezazos, de dominar la esférica para dirigirla al ansiado y esquivo golazo. Hombres que cambian la pala, la maceta, el tractor por el mediocampo, la defensa o la ingrata y solitaria posición de guardameta. No son jugadores profesionales, no son superestrellas, pero juegan con y por amor: al juego, al balón improvisado, a la emoción pura de jugar por jugar, aunque tras el pitazo final no quede más que la rutina del tractor, la maceta, la pala, de la vida cotidiana tan gris o tan colorida como las almas que la viven. “Pelota de trapo” es más que una novela: es una crónica de la vida del hombre común, del trabajador, contada desde el fútbol, pero el verdadero, el que juegan los amigos, los compañeros, los que saben que los goles no son para cobrar en efectivo sino para llenar el alma.

La novela ganadora del Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá 2008 es autobiográfica y se nota en la vívida descripción del páramo, en la cercanía con la cotidianidad de lostrabajadores que luchan con la piedra, el barro y el frío para abrir esa carretera que parece interminable – como son en efecto interminables tantas carreteras de nuestra sufrida patria.

Y aunque Manizales, la eterna protagonista de los trabajos de Adalberto Agudelo Duque, no aparece en primer plano como suele hacerlo, allí está; oculta tras las nieblas perpetuas o alrededor de los personajes que la transitan en medio de una cotidianidad que se vuelve familiar para los manizaleños, que podría ser la deotras urbes pero que los nativos reconocemos como única y propia. Y todo al ritmo de esos viejos tangos de magnífica orquestación y voces tan quejumbrosas como las historias que cantan.

La novela fue lanzada el pasado domingo 16 de agosto en el contexto de la Feria del Libro 2009, en el recinto de Corferias, en un auditorio que llamaron José Eustasio Rivera. (curiosamente, el escritor huilense dio nombre también a otro concurso que el autor manizaleño ganó en 1999)

Un Dragón Solitario

•Julio 31, 2009 • Dejar un comentario
Silmaril, Café Rock: Un rincón de la Tierra Media

Silmaril, Café Rock: Un rincón de la Tierra Media

Tras innumerables aventuras en la lejana y olvidada tierra de Krantz, hogar de Vornhir y ambición de Enzaroth, Señor del Abismo, la partida de aventureros decidió que necesitaba un nuevo cuartel general. El arco armadiano de Hyallej, las hachas de Balzack, la colección de Lotuno Lotión, la espada de Claryss y los hechizos de Syrius requerían un sitio para reposar y recobrar la magia necesaria para enfrentarse al mundo.

Y luego de buscar en las grandes ciudades fortificadas del reino, y en los pueblos y las villas, y no encontrar sitio capaz de satisfacer su necesidad de descansar, de contar las historias de viejas batallas y de reunir fuerzas para emprender nuevas búsquedas, tomaron el hacha de leñador, la pala y el martillo y decidieron construir un nuevo refugio. Fueron Hyallej, y Lotuno y Vornhir, y con un viejo, extraño y apreciable Orco y un rico Hombre del Oeste, levantaron sobre viejos cimientos una posada al mejor estilo del viejo mundo; de aspecto añejo, acogedora “así uno quisiera comer, o dormir, o trabajar, o contar historias, o cantar, o simplemente sentarse a pensar, o una deliciosa mezcla de todo ello”(J.R.R. Tolkien, El Hobbit)

Y no bien se abrieron las puertas y se encendieron luces y corrió el hidromiel, la posada, nombrada – tras muchos debates – en recuerdo de las Joyas de los Viejos Días, y cuya muestra – laboriosamente hecha por las industriosas manos de Balzack – representaba al viejo Ancalagon el Negro rampante, viajeros, peregrinos, buscadores veteranos y novatos empezaron a llegar a torrentes y a llenar las salas, que ya nunca estuvieron vacías.

Y se contaron historias, y de la vieja posada partieron expediciones en busca de lejanos tesoros, y del poder de la noche, y del terror, siempre entre risas y bromas.

Los lentos años de la Tierra Media – tan rápidos para los hombres mortales – pasaron y se fueron, y muchas historias fueron narradas y se vivieron en los salones; muchas páginas de muchos libros fueron pasadas, leidas, discutidas. Se combatieron batallas cruentas, unas ganadas, algunas otras perdidas, todas hilarantes. Algunos corazones solitarion hallaron compañía… pero eso es otro cuento que habrá de ser contado en otra parte.

Y tras mucho tiempo, la vieja partida de aventureros se disolvió y cada cual tomó su propio camino; uno a uno partieron llevando memorias y el sabor dulce del hidromiel en la boca.

Y un día uno de aquellos aventureros regresó a los queridos salones y vio que nuevos rostros corrían de un lado a otro, llevando una cerveza o un bocadillo, sonriendo o riendo a mandíbula batiente, y desde entonces ha regresado de cuando en cuando en busca de historias y risas y batallas, y aún hoy, desde otros reinos, añora historias y risas y batallas, y promete regresar algún día a brindar por los años pasados, por los recuerdos y por los amigos.

Son lentos los años del Mundo
para quien tanto ha esperado;
ya no hay luces nuevas
en este cielo que aprisionan mis ojos.

Sólo viejas páginas
y recuerdos herrumbrosos
de marchitas glorias
e inútiles victorias.

Ven conmigo a observar las estrellas:
tal vez en su luz eterna haya noticias
de aquellos que hace tanto partieron.

Tinieblas cubren el mundo,
y los viajeros han perdido su camino
llevando con ellos la última luz
de una multitud que llora.

Ven conmigo y miremos el horizonte:
quizá sobre las olas una vela solitaria
anuncie un retorno sin esperanzas.

Ven conmigo a observar las estrellas:
tal vez en su luz inmaculada
los Señores del Oeste recuerden
el mundo que un día fue suyo.

Feliz Aniversario, Silmaril, y se abran por muchas Eras esas viejas y queridas puertas.

Thinuial Mornatur
7 wedmath, Año 2009 de la Novena Edad

Ritos ancestrales

•Julio 17, 2009 • 3 comentarios

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Aproximarse a una Estación Orbital es una experiencia asombrosa y, para algunos seres humanos, terrorífica: darse cuenta de que un objeto tan grande —casi el tamaño de la vieja Luna— ha sido construido por otros seres humanos, la sensación de vértigo cuando la astronave que se aproxima entra bajo la influencia gravitacional de la Estación, la impresión de que ese inmenso monstruo metálico va a devorar la nave… pero aproximarse a la Estación Orbital Cero, que gira en torno a la Vieja Tierra, es aún más impresionante, pues es darse cuenta de que esa mole amarillenta y desértica que hay debajo de la Estación fue el sitio donde todo empezó: los viajes espaciales que permitieron colonizar el Sistema Solar y después la Galaxia… Siempre me he preguntado cómo habrá lucido la Vieja Tierra antes del cataclismo. Hoy, es un vasto desierto árido con atmósfera tenue y temperaturas demasiado extremas para sustentar vida.

La rutina de acoplamiento de la astronave se cumplió sin inconvenientes y pronto estuve sentado ante el escritorio del Almirante, que entregó una nueva misión como Agregado Militar del equipo de arqueólogos en la superficie de la Tierra.

Los investigadores han estado encontrando evidencias de una forma de culto extendida en la civilización pre-cataclí­smica, además de las 27 de las que se tienen evidencias concretas y sobre las cuales se ha logrado reconstruir un cuadro histórico y social bastante completo. Lo curioso de la “nueva” forma religiosa es su extraordinario alcance —objetos rituales y centros de reunión han sido encontrados alrededor de todo el globo, aparentemente mezclados con muestras de otros sistemas de creencias, aún las más extendidas, a veces en un sincretismo curioso y difícil de entender. Sus templos, por ejemplo, tenían una extensión muy superior a la de otros santuarios.

El culto tuvo medios bastante persuasivos para su expansión, que, según los historiadores del equipo, se desarrolló en menos de cien años. Y, dados los rumores cada vez más corrientes sobre el poder inimaginable de esa religión, es necesario tener cuidado sobre los descubrimientos a su alrededor; una de las leyendas más corrientes habla de un Rito capaz de detener el paso del Tiempo.

Tomé un refresco antes de abordar el vehículo que me llevaría a la Base de Operaciones sobre la superficie. El descenso no fue muy diferente de los efectuados sobre otros planetas, excepto que en esta ocasión la nave era civil y estaba desarmada y mi traje espacial era corriente, no la pesada armadura de combate que acostumbro usar. Sin armas me sentía desnudo, indefenso. Pero, además, estaba descendiendo a la superficie del planeta natal de toda la Raza Humana, con una misión relacionada, según los últimos informes, con el Rito más poderoso del ser humano en toda su historia.

Cuando arribé a la Base de Operaciones un mensaje aguardaba en la recepción: el equipo de Arqueólogos me esperaba con urgencia en el más reciente sitio de excavaciones. Habían encontrado algo, pero no daban detalles por razones de seguridad.

Fui en menos de media hora al lugar usando un aerodeslizador. La excavación estaba protegida por una enorme cúpula geodésica que algunos técnicos estaban terminando de ajustar en ese momento. Pero el equipo científico no estaba en la cúpula sino en la barraca donde funcionaba el Laboratorio y allí­ estacioné el vehículo. Al apearme pensé en la ironía de llevar un traje espacial con soporte respiratorio en el planeta en el cual mis pulmones habían evolucionado.

Todos estaban reunidos alrededor de una pantalla holográfica. Dos técnicos y un experto en comunicaciones de la Flota Estelar estaban inclinados sobre algún objeto pequeño: una caja negra, rectangular y achatada, que manipulaban con sumo cuidado. La pusieron en la bandeja de un Analizador y esperaron, expectantes. El director del equipo arqueológico apenas me saludó y miró la pantalla, retorciéndose las manos. Uno de los científicos me dio un codazo entusiasmado y me señaló el analizador, comentando que el objeto era quizá un primitivo medio para almacenar información.

Uno de los técnicos señaló una luz indicadora en la pantalla holográfica y dijo, entusiasmado, que tení­a almacenada información de audio. El director del equipo conectó el sistema de altavoces y subió el volumen al tope.

En la pantalla holográfica sólo se veía estática y por los altavoces surgía un ruido parecido al del agua corriente. Una imagen apareció en la pantalla. Lo reconocí­ como uno de los objetos de culto que habían sido recuperados en las excavaciones. Varias personas aparecieron también y comenzaron el Ritual. Los historiadores y arqueólogos rieron nerviosos: era distinto de lo que habían pensado, discutido, escrito y defendido. Poco a poco nos dejamos llevar por las imágenes y por las extrañas letanías que surgían de los amplificadores: palabras en una lengua extraña y que tenían una cadencia particular y un ritmo contagioso. Muy pronto estuvimos pendientes del Ritual y nos empezamos a sentir conectados con la danza, extraña y magnífica, que esas personas en la pantalla —seres que vivieron antes del Cataclismo— llevaban a cabo con precisión y con una agilidad y poder sorprendentes. Nos hicimos, sin quererlo, parte del Ritual, y entonces entendí­ el Poder de una antigua religión tan poderosa que era capaz de capturar las mentes entrenadas de científicos y guerreros a miles de años de distancia en el tiempo.

Y entonces el Ritual llegó a su clí­max y, sin saber por qué, contagiado por la evidente alegrí­a de esos seres en la pantalla y de los hombres y mujeres a mi alrededor, grité junto con todos ellos y junto con el oficiante que, sin previo aviso, rompió la larga y extraña letanía y prorrumpió en ese grito que todos compartimos, como si lo conociéramos desde siempre, como si lo lleváramos en la Sangre, herencia de los Ancestros hasta ahora olvidada. Fue un grito largo y profundo que estremeció las paredes de la barraca y pareció silenciar hasta el furioso viento del desierto. Gritamos y el grito, compuesto por una sola palabra, nos arrancó lágrimas de alegrí­a. Fue un sólo grito, una corta palabra que estiramos hasta el infinito, un grito capaz de contener todos los gritos de combate y de victoria que alguna vez haya gritado la raza humana. Gritamos y la palabra, que todos conocíamos pero habíamos olvidado, se grabó en mentes y corazones para siempre. Una sola palabra, corta e infinita, un conjuro capaz de parar el Tiempo:

“¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!!”

Alto

•Julio 5, 2009 • Dejar un comentario

No sólo la guerra es violencia. Si quieres la paz, respeta la Vida.

No sólo la guerra es violencia. Si quieres la paz, respeta la Vida.

Si quieres la paz, respeta la vida.

Si quieres la paz, respeta la vida.

A medida que se acercan las temporadas taurinas en las principales ciudades del pais, crece también la inquietud de quienes creemos que la tauromaquia no es más que una obsoleta forma de entretenimiento a costa de la dignidad y la vida de seres inocentes, más cercana a una Misa Negra que a cualquier manifestación artística válida.

De otro lado, siempre están quienes alzan una voz doliente y furibunda ante cualquier manifestación de violencia en los medios mientras guardan como tesoros los abonos para la siguiente temporada y alaban después la pericia y habilidad de los toreros; yo mismo he sido víctima – en un incidente bien conocido de mis allegados – de discriminación mediática por presunto “satanismo” por parte de conocidos periodistas manizaleños que disfrutan, sin embargo, de la sangre derramada y el sufrimiento de los toros sacrificados al morbo público durante la conocida e infame Feria de Manizales. Infame por los toros, por los índices delincuenciales que los medios ocultan al mundo, por el turismo sexual del que participa una sociedad que se autodenomina “culta” – y cierra una Orquesta Sinfónica por falta de presupuesto mientras contrata a un escultor para que se deshaga de la basura de su taller regando por las calles de la ciudad esperpentos pintarrajeados que hablan muy mal del gusto estético y de la “cultura” de Manizales.

Este post está dirigido a quienes no son hipócritas. A quienes son conscientes de que la Vida es una y sagrada. Y está hecho para ser repetido, distribuido, copiado y enviado.

Es duro. Pero es cierto.

In Memoriam – Música, Danza, Video… dudo mucho que lleguen a superarse

•Junio 26, 2009 • 2 comentarios

El viejo campesino y el sabio aburrido

•Junio 12, 2009 • 2 comentarios

Relevado de su cargo

•Junio 9, 2009 • 1 comentario

Producto del cansancio y alucinaciones causadas por la falta de sueño: así clasificó inicialmente los fenómenos extraños que cada vez se hacían más frecuentes en forma de sombras entrevistas, reflejos insinuados, movimientos percibidos más con miedo que con los sentidos.

Pero, de ser así, ¿por qué eran cada vez más frecuentes los “incidentes”? ¿Los ruidos? ¿Los espejismos a horas en las que nadie afirmaría estar cansado?

En una ocasión, por ejemplo, escuchó con toda claridad cómo alguien cepillaba sus dientes mientras él brillaba sus zapatos. Pensó que era su esposa, pero en ese justo momento ella llamó desde la cocina para anunciar el desayuno.

Después, mientras daba los últimos y cuidadosos toques a su cabello frente al espejo del baño, se quedó paralizado de terror al ver con toda claridad, durante una fracción de segundo, a un hombre que pasaba rumbo a la habitación ajustándose la corbata.

En otra ocasión, habiendo bajado el libro que le ocupaba y asumido una actitud de escucha, su esposa quitó el volumen del televisor y se puso a escuchar también.

“¿Qué pasa?” preguntó, por fin, ella.

“Nada”, respondió. Esa hermosísima mujer no podía convertirse en un manojo de nervios; no estaba dispuesto a asustarla, pero había escuchado claramente como si alguien hubiera intentado abrir la puerta del apartamento. El ruido estuvo acompañado por un particular tintineo tan familiar que sólo respiró con tranquilidad cuando vio sus propias llaves cuidadosamente puestas sobre la mesa de noche, como era costumbre.

Tras unas semanas, los fenómenos se volvieron francamente alarmantes pero, por un lado, conservar la tranquilidad de su mujer era perentorio para evitarle esa crisis nerviosa que siempre parecía a la vuelta de la esquina. Pero, por el otro, ella, más tranquila que nunca, parecía ciega y sorda ante las extrañas ocurrencias, así que se sentía poco propenso a ver cuestionada su cordura.

Poco a poco, su rutina cotidiana fue dando paso a una cuidadosa cacería del duende, fantasma, o poltergeist que, a su vez, parecía seguirlo y provocarlo con ahínco: ya lo había encontrado en su oficina, cómodamente instalado en su puesto de trabajo. El espanto cada vez se hacía más atrevido: ya no se limitaba a desaparecer con discreción cuando lo miraba de frente, como cuando entró al apartamento y se lo encontró bebiendo café y leyendo el periódico del día. Más tarde, tuvo que llevar él mismo la taza, aún tibia, hasta la cocina.

El miedo y la ira pronto alimentaron su curiosidad, y perseguir a su perseguidor se convirtió en su obsesión. Días y semanas pasaron, y ya ni siquiera su esposa – radiante de belleza – se dignaba mirarlo cuando se tropezaba con él, greñudo y malhumorado, en el sofá al que se había retirado a dormir para vigilar mejor a su presa, que ya iba y venía por el apartamento como si fuera dueño y señor.

Una noche, despertó a las dos y media, como ya se había hecho costumbre, y se incorporó en su cama improvisada, atento a la conversación proveniente de su habitación.

Con pasos silenciosos se aproximó a la puerta de la alcoba para escuchar por primera vez esa voz que ya detestaba; el fantasma hablaba con su esposa.

“Mi amor, vamos a tener que buscar otro apartamento. Aquí hay un fantasma.”

“Lo sé, corazón – respondió esa otra voz tan amada, pesada por el sueño – lo más extraño es que es idéntico a tí…”