Amanecer

El carruaje del Sol ha abandonado su guarida tras las montañas lejanas.

Su luz me revela tu rostro, colándose por una rendija. Tu rostro dormido. Tu sonrisa. Tus ojos cerrados, a punto de abrirse para mirarme, como cada amanecer. Ese es el recuerdo con el que partiré: tus ojos cerrados, tu sonrisa tranquila y la melodía de tu respiración suave, casi, casi inaudible.

Tras los muros, afuera, hay ruido. Caballos que llegan al patio. Metal contra metal. Voces quedas y tensas. Pero hoy los hombres van a esperar. Me tomo mi tiempo para colocar cada pieza de la armadura en su lugar. Desde la cámara de armas puedo verte, aún dormida, aún sonriente. Cuando tomo el yelmo lo miro pensativo, y por un momento creo ver tras la visera unos ojos furiosos. Acaso los mismos que hoy muchos verán justo antes de morir.

Con reverencia desenvaino la espada. Con cuidado, en silencio. Ese desenvainar ruidoso y resplandeciente que pone el temor en el corazón de los enemigos se queda para el campo de batalla. No quiero que despiertes aún. La hoja capta ese mismo rayo de sol que me reveló tus labios y lo multiplica y me lo devuelve junto con una mirada triste.

Al descender las escaleras, los hombres contienen un grito de júbilo ante mi llegada. Entienden que aún duermes. Partimos llevando los caballos de la brida, y sólo sobre la hierba, fuera de los muros de la Fortaleza, montamos por fin, y partimos.

A medida que nos acercamos al estrecho paso donde, sabemos, habremos de esperar al enemigo – un enemigo despiadado y numeroso, sediento de sangre y hambriento de nuestras vidas – sólo recuerdo tu rostro dormido, sonriente, más bello que el amanecer pues hace mucho tiempo que es el único amanecer que quiero contemplar.

Es el único recuerdo que me interesa, pues no podría blandir la espada con la imagen de tus ojos tristes viéndome partir. Prefiero recordarte así, sonriente y dormida, como te he visto cada amanecer por un tiempo que ya parece siempre pero que, ahora que cabalgo hacia el destino, entiendo que fue insuficiente.

Mi espada defenderá tu sueño. Pero si el destino ha decidido encontrarme hoy, tu nombre será mi grito de batalla.

Ya basta de pensamientos tristes. El enemigo aguarda la muerte.

~ por Mornatur en Marzo 30, 2007.

3 comentarios to “Amanecer”

  1. Hola,Me encantó llegar hasta aquí,un lugar a la sombra ,sumergido en el pasar de tiepos gélidos y oscuros,
    que danzan entre letras.
    Un saludo
    Cristi

  2. paseate por mi casa si quieres…
    http://migoticosentir.blogspot.com

  3. Pareciera ganada la batalla, pero aún hay que luchar. Cálida y serena escena la de este post. Saludo fraterno.

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