Star Wars – Conciencia de Muerte
1.
Ygrall, Centro Imperial de Prisioneros, Territorios Exteriores
El Destructor Estelar Imperial flotaba con aparente placidez en órbita sobre Ygrall mientras tres transbordadores clase Lambda se aproximaban a las bahías de atraque. Los escuadrones de cazas y bombarderos TIE se cruzaban con precisión en intrincados patrones de patrulla y un par de grandes transbordadores clase Sentinel enfilaban otra bahía de atraque del majestuoso Destructor Estelar Justiciero.
En la bahía principal, un pequeño escuadrón comandado por el capitán de la enorme nave imperial aguardaba a que la maniobra de atraque finalizara.
La rampa del transbordador se abrió para permitir que seis pasajeros descendieran. El capitán Helkaar estrechó la mano del comandante de los recién llegados.
«Comandante Korrell, bienvenido al Justiciero. Es grato volverlo a ver.»
«El gusto es mío, Seth. ¿Cómo están las cosas por Centro Imperial?»
«Todo en orden, hasta ahora. Hay un poco de tensión acerca de la Rebelión, pero todo bajo control, sobre todo cuando se han filtrado rumores sobre los nuevos planes del Emperador para hacerse cargo…»
La amable conversación fue interrumpida por uno de los Oficiales de Campo de Helkaar.
«Capitán, hay un problema en Ygrall. Están solicitando nuestra ayuda.»
«¿Me acompaña al puente, Comandante? Parece que el cambio de guardia en la superficie ha sido bien aprovechado por alguien.»
***
El Comandante Joss Korrell disfrutaba siempre de la sensación de poder que impregnaba el puente de un Destructor Estelar clase Imperial. El amplio campo de estrellas del sistema Ygrall se extendía ante los visores del Justiciero como un espectáculo exclusivamente dispuesto para los ojos grises de Korrell, que se dejó llevar por la inmensidad de ese ínfimo fragmento de la Galaxia que le era permitido apreciar. ¿Qué seguiría? Como Comandante de una de las selectas Unidades de Protección Especial de Superficie del Imperio (Special Surface Protection Units, SSPU), Korrell sabía que cualquiera de sus destinos era momentáneo: nunca le permitían pasar más de doce semanas en el mismo sistema, para evitar que tanto él como sus hombres establecieran cualquier vínculo emocional. La política Imperial exigía incluso que los oficiales y las unidades de combate tuvieran una rotación continua para evitar los lazos familiares entre soldados, pero la Unidad de Korrell era diferente. Con el argumento de la eficiencia operativa maximizada por el trabajo en grupo, Korrell había logrado que los cambios en su equipo fueran mínimos y controlados cuidadosamente por él mismo y por el teniente Tylth Ergan, su segundo.
Hacía pocos momentos le habían reportado el exitoso atraque del material pesado de su SSPU a bordo del Justiciero: un Juggernaut VAPw A5 de Kuat Drive Yards equipado con material avanzado de vigilancia y comunicaciones, un pelotón acorazado ligero de ocho caminantes AT-ST y dos patrullas de ocho exploradores rápidos en speederbikes, además de dos pelotones de stormtroopers, cada uno conformado por tres patrullas para un total de 48 guerreros de élite, junto con los seis oficiales a cargo de la Unidad y los pilotos de los vehículos, constituían el equipo de combate más formidable del Imperio. Todos los demás comandantes de las Unidades de Protección Especial de Superficie sabían que no tenían material para competir con la eficiencia del equipo de Korrell, que podía ostentar dos felicitaciones personales del Emperador y la despectiva indiferencia de Lord Darth Vader; muchos de los oficiales se sentían más envidiosos por lo segundo. La atención del Señor Oscuro del Sith sobre alguien solía tener un final indeseable.
«Aquí viene» Uno de los oficiales del puente del Justiciero señaló un diminuto punto de luz que se movía por el lado de estribor. «Se trata de un carguero Mon Calamari de mediana capacidad. Conociendo a los MonCal, debe tener un estupendo hiperdrive. No se le debe permitir escapar del campo de gravedad del planeta, o lo perderemos.»
«Comandante Korrell, su equipo tiene fama de ser el mejor en la superficie. Nada pasa sin que usted lo autorice» El capitán del Justiciero puso una mano sobre el hombro de Joss Korrell.
«Hemos tenido suerte hasta el momento» se limitó a responder el comandante.
«Bien, veremos si su presencia a bordo del Justiciero nos presta un poco de la misma suerte. ¡Atrapémoslo!»
El crucero varió su movimiento de inmediato y enfiló la proa en dirección al punto de luz que trataba de escapar del campo de gravedad de Ygrall para saltar al Hiperespacio. Korrell sabía que la maniobra era peligrosa; la cercana presencia del clúster de Pulsares conocido como El Laberinto creaba un entramado de campos gravitacionales bastante complejo… y letal.
El pequeño carguero Mon Calamari percibió la persecución del Justiciero y comenzó una serie de maniobras evasivas, pero los pilotos del Destructor Estelar imperial lo igualaban en pericia sin dificultad.
Sin previo aviso, el carguero cambió de rumbo y pareció precipitarse hacia la superficie de Ygrall.
«¿Qué hace?» murmuró el teniente Ergan, que acababa de arribar al puente. El capitán Helkaar lo miró, respondiéndole, sin palabras, que tampoco lo sabía. Los ojos de Korrell se iluminaron de pronto con una repentina idea.
«¿Qué maniobra sería la lógica para cortarle la vía de escape ahora?» preguntó a Helkaar.
«Situarnos del lado de El Laberinto…»
«Y entonces él tendrá la vía libre para largarse orbitando Ygrall e interponiéndolo entre sí mismo, El Laberinto y nosotros, y saltar al Hiperespacio antes de que podamos cortarle el paso.»
«Brillante, Comandante Korrell…»
«Tenemos una nave que acaba de salir del Hiperespacio y viene hacia nosotros.» Anunció un oficial de comunicaciones. ‘Se trata del Destructor Estelar clase Imperial Vengador. Trae instrucciones para el Comandante Korrell y para el Justiciero.»
Helkaar y Korrell se miraron. La fama de Needa, el capitán del Vengador, lo precedía. Despiadado y fríamente eficiente. Un perfecto oficial imperial.
«Perfecto, ahora él mismo le ha cortado la retirada a ese…»
En lugar de desviar su trayectoria, el pequeño crucero se encaminó directamente al Vengador. Helkaar lanzó un escuadrón de cazas TIE para rodearlo y obligarlo a ponerse al alcance del rayo tractor de uno de los dos cruceros.
«Tiene agallas» comentó Ergan, viendo la arriesgada maniobra del piloto fugitivo. «Está loco» respondió otro oficial del Justiciero. «Debe ser coreliano» apuntó un alférez, que por poco colapsa bajo la fría mirada de Ergan, Coreliano de nacimiento.
Los TIE habían acorralado al carguero Mon Calamari y con un par de disparos disuasivos lo obligaron a bajar la velocidad. El rostro pálido de un piloto humano apareció en una de las consolas del Justiciero.
«Este es el carguero Ruthim. Nos rendimos. No disparen, por favor. Llevo heridos a bordo. Repito: nos rendimos…» la transmisión se convirtió en estática. En el espacio, un enjambre de chispas marcaba el sitio antes ocupado por la destartalada nave. Korrell vio con furia cómo uno de los turbolásers del Vengador volvía a su sitio después del disparo letal. Uno de los TIE del Justiciero tenía problemas. «El comandante del Ala 3 tiene dificultades, señor.» comentó un oficial «Ese disparo del Vengador lo desestabilizó». Sin control, el TIE rodó bajo la mole del Destructor Estelar y fue pulverizado por los escudos deflectores. Helkaar empalideció y se dirigió a una de las consolas de comunicación.
«Atención, Vengador, habla el capitán del Justiciero. Acaban de destruir una de nuestras naves.» La pantalla continuó en silencio. «Capitán Needa, responda. Ha destruido una de las naves del Justiciero, y la acción ofensiva que acaban de tomar no estaba justificada.» El holoproyector se activó mientras una voz respondía las furiosas protestas de Helkaar.
«Tenemos órdenes terminantes para el Justiciero que no admiten la demora ocasionada por el transporte de prisioneros a bordo de esa nave.»
«¿Y qué me dice del TIE destruido? ¡Hubieran podido apagar los malditos deflectores!»
El rostro que apareció en la pantalla no era el delgado y pálido del capitán Needa; se trataba de un rostro furioso y altanero. Korrell reconoció al Almirante Ozzel.
«Espero que ese pequeño incidente no sea motivo para arruinar una carrera hasta el momento exitosa y prometedora como la suya, Capitán Helkaar.»
A Korrell le desagradó que Ozzel tratara de imitar el tono irreplicable y cínico de Darth Vader. Joss Korrell detestaba en secreto a Vader, pero respetaba su pericia militar y su valor. Ozzel era un cobarde artero que había conseguido su cargo gracias a sus influencias en Coruscant.
Ozzel se retiró de la pantalla y fue reemplazado por el capitán Needa.
«Capitán Helkaar, prepárese para recibir una visita. El transbordador del Almirante Ozzel está en camino.»
A diferencia de la rápida y eficiente ceremonia de pocos segundos que marcó el arribo del Comandante Korrell, el Almirante Ozzel exigió todo el protocolo Imperial para recibirlo.
Los soldados estacionados a bordo del Justiciero hicieron un perfecto saludo militar en el momento en que la figura del almirante apareció en la rampa del transbordador. Detrás de él descendieron el capitán Needa, un Coronel que Korrell identificó como el comandante en jefe de las fuerzas de superficie de Darth Vader, y un joven y nervioso teniente. Ergan le hizo un gesto a Korrell para indicárselo. El teniente Alzeek provenía de Corellia con unos excelentes antecedentes en la Academia; su expediente lo definía como «eficiente y leal; buenas condiciones para ser incluido en la cadena de mando.» A pesar de que los ojos del muchacho brillaban por la emoción y los nervios, ni uno sólo de sus músculos hizo un movimiento inadecuado. Cada saludo militar fue preciso y a cada uno de los oficiales que lo saludó le dedicó la justa atención a su rango.
«¿Es de los nuestros?» Murmuró Korrell.
Ergan observó al recién graduado con atención.
«No estoy seguro… pero tiene condiciones. Habrá que probarlo. De todos modos, es joven y maleable. Con una guía adecuada, será un aliado valioso.»
Helkaar miraba a los dos oficiales con extrañeza. Aunque la conversación parecía inocua y natural entre dos Oficiales a punto de introducir a un novato – un riesgo potencial – en la cadena de mando, había un aire de conspiración en la manera de hablar de los hombres que no le gustaba al capitán del Justiciero. Borró las ideas con un parpadeo. Debía estar paranoico por la presencia de Ozzel y el incidente de poco antes, y estaba imaginando cosas. El Almirante le dedicó un frío saludo apenas cortés y Helkaar se permitió una ligera insubordinación al responderle de igual manera. A medida que regresaba a las entrañas de su nave, se sentía irritado por la inútil pérdida de uno de sus hombres. Y los comandantes de superficie allá abajo en Ygrall estaban echando chispas: alguien dentro de las instalaciones había facilitado la fuga de los prisioneros en ese transporte, y ahora sería imposible localizarlo… tal vez hasta cuando se presentara otro intento de fuga.
***
La sala de oficiales del Justiciero estaba levemente iluminada por el Holoproyector sobre el cual flotaba la imagen tridimensional de un planeta del cual ninguno de los oficiales había escuchado antes. Ozzel había terminado de entregar las órdenes que le habían confiado para Korrell y Helkaar, que miraban la imagen con interés.
«¿Hay alguna pregunta?» El Almirante se puso en pie para dar por terminada la sesión. Ante la falta de respuesta, saludó militarmente y se retiró después de recibir el homenaje militar de los oficiales.
Cuando hubo desaparecido, Korrell se dirigió al Coronel que había llegado con Ozzel.
«Supongo que hay alguna información adicional que querrá entregarnos, Señor.»
«Así es. Pero me temo que la totalidad de la información debe ser entregada sólo al capitán Helkaar y al Comandante Korrell.»
El teniente Ergan saludó y se retiró junto con Alzeek.
Una vez solos, el Coronel desplegó una pantalla múltiple en el Holoproyector.
«Desafortunadamente, tenemos razones para dudar del nivel de seguridad del Almirante Ozzel. Lord Darth Vader me ha encargado entregarles esta información de manera directa.»
Los diagramas tridimensionales en el holoproyector empezaron a cambiar. Ambos oficiales fijaron la mirada en el torrente de información.
«El Justiciero ha sido asignado para realizar la guardia extraorbital del planeta Daiikamur. La localización del planeta será conocida sólo por el Capitán Helkaar, el Comandante Korrell y el Jefe Científico del Proyecto Exar Kun. Todas las comunicaciones estarán restringidas y el Justiciero efectuará sus patrullas siguiendo un patrón aleatorio extraorbital abarcando otros sistemas estelares. Los equipos de construcción de las bases permanentes de superficie ya están en el planeta. Los suministros y comunicaciones se proveerán por mensajeros directos hacia y desde Centro Imperial. Cualquier información de carácter urgente será enviada en transbordador al Justiciero y de éste en otro transbordador a Centro Imperial usando una ruta aleatoria.»
«¿Puedo preguntar qué es el proyecto Exar Kun?» Korrell clavó la mirada en el rostro del Coronel.
«Desafortunadamente, Comandante, esa información está por encima de mis órdenes. A decir verdad, no se me informó al respecto. Pero en el Datapad que se le entregará al arribar al planeta estará la información pertinente para su labor.» Los ojos claros del oficial se volvieron hacia Helkaar. «Lo mismo puedo decirle a usted, Capitán. Sólo debo agregar que las comunicaciones electrónicas entre el Justiciero y la Base de superficie están absolutamente prohibidas, salvo en caso de emergencia militar. Cualquier tipo de tránsito no autorizado está absolutamente prohibido y cualquier nave, de cualquier clase o procedencia que viole la interdicción impuesta por el Justiciero, incluido cualquier tráfico no autorizado desde o hacia la base de operaciones debe ser anulado de inmediato ¿Alguna pregunta?»
Helkaar pulsó un par de símbolos en el holograma, que retrocedió para mostrar el sector de espacio mencionado por el otro oficial. «El área a cubrir es bastante grande para una sola nave…»
«La presencia de un contingente mayor podría crear suspicacia en elementos indeseables de los sistemas cercanos, y mientras el secreto sea mantenido, no es factible que se requiera de mayor protección. De otro lado, hay planes en marcha en este mismo instante que garantizarán la neutralización completa de los Rebeldes en un lapso de quizá pocas horas.»
«¿Qué pasa con los residentes del sistema? Es dudoso que un planeta con las condiciones de Daiikamur esté deshabitado…» Korrell fijó su mirada en los ojos fríos y calculadores del Capitán, que le respondió sin pestañear.
«No han sido detectadas especies inteligentes sobre la superficie del planeta. ¿Algo más?»
«Bien, si se me permite, prepararé un par de mensajes para enviar a Centro Imperial y a Alderaan antes de entrar en el hiperespacio.» Korrell saludó al Capitán y salió del Puente de oficiales del Justiciero.
Cuando el capitán Helkaar se disponía a seguirlo, el Coronel lo detuvo con un gesto.
«Siento lo de su piloto. Fue un desafortunado accidente. Detesto las pérdidas inútiles.»
«Usted no tiene por qué disculparse, Coronel Veers.»
***
Los oficiales en el puente de mando del Justiciero estaban preparándose para la serie de saltos hiperespaciales que los llevaría al planeta de destino.
El Vengador estaba retirándose en ese momento del sistema Ygrall, y el Justiciero lo seguía de lejos, aguardando para efectuar el primer salto. Korrell miró una de las consolas del computador de navegación, y se dirigió a Ergan. «¿Qué habrá pasado con Alzeek y esa comunicación? Ya queda poco tiempo.» Ergan miró a su vez la consola y salió del puente.
La pantalla de comunicaciones se encendió. El rostro afilado de Needa apareció en su centro.
«Una nave los abordará antes de su segundo salto, capitán Helkaar. Debe recibirse con honores: en ella viaja el Jefe Científico del Proyecto.»
Korrell avanzó un paso para entrar en el campo de la holocámara.
«¿Es posible saber de quién se trata?»
«Es el profesor Geran Dabanur. Debo anunciarle que cuenta con protección especial del Emperador.»
El silencio se hizo pesado en el puente del Justiciero. El nombre Dabanur era el de uno de esos seres que los mejores oficiales del Imperio hubieran querido atrapar a toda costa. La pantalla de comunicaciones se apagó y todos vieron con alivio la entrada del Vengador en el hiperespacio.
«Quedan veinte segundos antes del salto hiperespacial» anunció uno de los oficiales del puente.
En ese momento, Helkaar llamó la atención de Korrell hacia la plataforma de entrada. Alzeek y Ergan estaban en posición de firmes, y cuando su Capitán los miró lo saludaron con formalidad. No era un comportamiento propio de Ergan.
«¿Qué sucede, teniente Ergan? ¿Han sido enviados los mensajes, señor Alzeek?»
Alzeek miró a su superior inmediato con inquietud. Ergan mantuvo la mirada de Korrell pero no se atrevió a decir nada. Korrell empezó a inquietarse en serio.
«¿Qué sucede?»
Alzeek, con la mirada baja, se atrevió a hablar.
«El mensaje al Centro Imperial ha sido enviado sin problemas, señor.»
Ambos oficiales estaban pálidos. Korrell advirtió que la atención de Helkaar estaba fija en ellos. ¿Sospecharía algo?
«¿Y el mensaje para Alderaan?»
«No ha sido enviado… hay fallas téc…»
Ergan avanzó un paso y detuvo a Alzeek con un gesto imperioso. Su mirada era de ira infinita. Korrell llevó la mano al blaster reglamentario. ¿Ergan, un traidor, después de tanto tiempo?
«Alderaan ha sido destruido, Señor…»
El silencio en el puente del Justiciero era tan completo como el del vacío exterior. Dos oficiales de origen alderaanés empalidecieron, pero mantuvieron sus puestos.
Korrell estaba tranquilo. Durante años había odiado discretamente al Imperio, pero su lealtad estaba con sus hombres y con la Flota, no con ese hechicero decrépito que se ocultaba en Centro Imperial, sin la más mínima idea de lo que era estar en combate. Respetaba a Darth Vader pero odiaba en secreto la Oscuridad que lo envolvía como un escudo deflector impenetrable y helado. Había sido testigo directo de algunas… irregularidades cometidas por otros oficiales en contra de la población civil, y él y Ergan, junto con los oficiales cuidadosamente seleccionados de su unidad, trabajaban en secreto con el fin de, algún día, limpiar la Flota de los elementos que manchaban el honor militar.
Alzeek saludó ceremoniosamente y reportó los hechos tal y como estaban redactados en el informe Imperial. «El tercer planeta del sistema Alderaan acaba de ser destruido bajo órdenes expresas del Emperador, ejecutadas por el Grand Moff Tarkin y por Lord Darth Vader. La Flota ya no deberá preocuparse por los disidentes que plagaban ese nido de rebeldes y contrabandistas.»
«Salto hiperespacial en diez segundos…» Fue la única respuesta que se escuchó en el puente del Justiciero.
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está interesante…. esto pasa al mismo tiempo que una nueva esperanza, no?
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Yep.
Por dios que está largo pero se ve bueno. Largo para mi que tengo problemas leyendo textos extensos en internet. incluso me distraigo leyéndolos en libros. pero merece el esfuerzo así me toque copiar a Word, darle un diseño, imprimirlo y leerlo…
Me asombra la capacidad de escritura y me da un envidia la macha….
gracias…
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No, gracias a vos por tomarte el trabajo de pasar y leer…
de donde sacaron el nombre Ergan??