Star Wars – Conciencia de Muerte

2.
Ciudad Imperial, Coruscant

Incluso la inconmensurable distancia recorrida cuando una sucesión de saltos hiperespaciales permiten trasegar el diámetro máximo de la Galaxia es apenas una ínfima fracción del tamaño del Universo. Incluso la brutal cantidad de energía en estado salvaje liberada por la explosión de un mundo, o de una estrella, o del núcleo galáctico es apenas nada si se compara con la cantidad total de energía que milisegundo tras milisegundo se transforma natural e irrevocablemente a través de la Galaxia.

El Coronel Ysir Bloochk jamás podía evitar pensamientos como ése cada vez que, como ahora, el violento e inaprehensible paisaje de energía del hiperespacio empezaba a dar paso a las líneas de fuego que pronto no serían más que estrellas cuando la nave entrara en espaciorreal.

Cuando el proceso concluyó y aún antes de revisar las pantallas de los sensores, Bloochk miró las estrellas a través de la carlinga. Si bien es muy difícil para cualquier criatura viviente almacenar una referencia visual de las configuraciones estelares de muchos sistemas, el paisaje ante los ojos grises de Bloochk era bien conocido de la mayoría de los pilotos, casi tanto como la inolvidable imagen del mundo que poco a poco crecía en el centro de las pantallas: un planeta que era una sola ciudad inmensa, abrumadora… y que servía como centro de poder al Imperio que abarcaba toda una Galaxia.

A medida que se acercaba al Centro Imperial – el nombre usado por el Emperador Palpatine para el antiguo mundo antes denominado Coruscant – Bloochk sentía que la ligera sensación nerviosa que lo invadía siempre antes de una misión empezaba a desvanecerse.

Bloochk sonreía a medida que un punto de control tras otro le solicitaba códigos de autorización para aproximarse al planeta y revisaba los registros de su nave, la Dark Scythe, una antigua patrullera rápida de espacio profundo Incom K Alpha-37 cuyo diseño original había sido modificado por el equipo de Bloochk y cuya identidad cambiaba para cada misión. En este caso, con la mayoría del letal arsenal cuidadosamente removido y conservando sólo un cañón quad láser a popa y un cañón de iones oculto, la Dark Scythe ostentaba insignias de Trikkiem, un pequeño mundo de los Territorios Exteriores que frecuentemente debía enviar alguna de las destartaladas naves de su estropeada flota para comprar suministros militares en Centro Imperial.

A medida que la ominosa línea de Destructores Estelares y otras naves de guerra que servía como escudo defensivo de Centro Imperial pasaba alrededor de la Dark Scythe, Bloochk revisaba por última vez el datapad obtenido en Sluis Van tan sólo noventa y ocho horas antes. Luego de pasar su plan por una estricta lista de chequeo, el datapad fue a dar al convertidor de desechos y se unió al ínfimo margen de energía sobre el que las criaturas conscientes en la Galaxia tienen algún tipo de poder.

Tanto en el esfuerzo de conservar su papel como humilde embajador de un mundo arruinado como buscando un sitio poco vigilado y con facilidades para el escape, Bloochk planetizó en una plataforma en franca decadencia. No le preocuparon las bajísimas medidas de seguridad que el astroso androide administrador pudiera garantizar: de hecho, era algo conveniente para el caso, muy probable, de que necesitara un escape apresurado. De todos modos, su androide astromecánico, R4D9, Dynamo, se encargaría, junto con ciertos dispositivos ocultos, de darle un rato muy difícil a cualquiera con intenciones de ingresar ilegalmente a la nave.

Tomando siempre los medios masivos de transporte más baratos y moviéndose por los niveles inferiores de Centro Imperial, Bloochk buscó a una criatura en especial. El Nosphera conocido como Thrak por el bajo mundo era quizá una de las criaturas mejor informadas de la Galaxia… y no le importaba mucho a quién vender su información, siempre y cuando el comprador pudiera equilibrar la balanza con una nutrida bolsa de créditos.

Bloochk nunca había contactado antes a un Nospherii, pero conocía bien la reputación de las criaturas; seres especializados en la obtención y el intercambio de información, pero demasiado egoístas como para establecer una red como la de los Bothan. Vagamente humanoides, deformes y siempre cubiertos por gruesas capuchas, se decía de ellos que sus rasgos originarios se habían deteriorado tanto en sus largas vidas – prolongadas artificialmente por medios desconocidos y quizá discutibles – que su sola visión era capaz de enloquecer al más templado de los guerreros. También se les suponía poseedores de una fuerza física y una agilidad extraordinarias, además de algunas otras habilidades menos corrientes pero increíbles.

Poco de eso preocupaba a Bloochk a medida que recorría una calle de los niveles inferiores, un túnel atestado de criaturas de bastantes especies – incluyendo algunas para él desconocidas – en busca de Thrak. Bloochk confiaba bastante en sus propias habilidades y sabía que, si la misión se desarrollaba con normalidad, el intercambio entre ambos seres debería ser eficiente y satisfactorio.

En el transcurso de su carrera como Agente de Inteligencia, primero para el Imperio y luego para sus actuales empleadores, Bloochk había visitado algunos de los peores antros de la Galaxia… o eso pensaba hasta cuando, descendiendo una corta rampa, ingresó en una caverna baja y débilmente iluminada por algunas placas luminosas tan deterioradas que parecía milagroso que funcionaran, aún con el brillo mortecino e intermitente que generaban.

El bar-being era un ithoriano bastante anciano que se movía con dificultad tras la barra tratando de atender a cuatro parroquianos tan deteriorados como él mismo. Uno de ellos era un androide, un antiquísimo modelo de protocolo. Sus articulaciones se movían con bastante dificultad y no parecía estar bien de sus circuitos lógicos. Otros dos eran Rodianos y estaban armados con blasters que el exceso de alcohol y de algunas otras sustancias no les permitían ocultar muy bien. No serían problema.

El problema podría ser el cuarto indivíduo. El sexto sentido particular de Bloochk, que le había permitido desarrollar una exitosa y sobre todo muy larga carrera en el mundo de la información ilegal lo puso en estado de alerta apenas lo vio. El ser, achaparrado y cubierto por gruesas túnicas, casi parecía un jawa.

«Cerveza coreliana» musitó Bloochk al acercarse a la barra y al tiempo que arrojaba unas monedas. El ithoriano se vio confuso durante un instante, sin saber si atender la nueva petición o entregarle su vaso a uno de los rodianos… pero aquél ya se había dormido, así que retrocedió para llenar un jarro con un líquido que Bloochk decidió no probar.

«Cerveza coreliana». El eco provenía del androide protocolario, que miraba fijamente a Bloochk… hasta cuando un disparo de blaster voló la cabeza metálica al otro lado de la estancia. El rodiano que estaba dormido sobre la barra levantó la cabeza, y al ver a su compañero riéndose con el blaster humeante en la mano, empezó a reír estúpidamente y se volvió a derrumbar.

«¿Tienes el dinero, espacial?» La profunda voz provenía del «jawa», cerca del cual se había acodado Bloochk.

La mano del humano extrajo una datacard.

«Aquí está todo. ¿Cómo sé que eres Thrak?»

«Podrías decidir que no lo soy e irte, humano. Y Thrak podría decidir sentirse insultado…»

«Lo cual me importa poco. Mi contacto dijo que tenías algo interesante.»

«Tu contacto pudo estar equivocado… pero pudo no estarlo. En realidad es muy poco.»

«¿Y por qué piensas tú que podría ser importante?»

Algo parecido a una risa queda y maligna surgió de debajo de la capucha. Dos ojos rojizos brillaban sobre el fondo oscuro. A Bloochk lo estremeció esa mirada.

«Dos oficiales imperiales de alta graduación fueron ejecutados en un minúsculo incidente relacionado con la información. Es un exceso, incluso para Lord Darth Vader.»

Bloochk asintió en silencio.

«Gilliers es una pequeña compañía que fabrica paneles de durasteel. Una de sus oficinas está aquí, en Centro Imperial, a pesar de que la compañía es demasiado chica. Hasta hace poco se dedicaban a vender paneles prefabricados para pequeñas operaciones mineras… pero ahora están entregando grandes cantidades de paneles a un comprador desconocido que los usa para un destino desconocido… y que ha hecho vigilar a los empleados de Gilliers y sus oficinas por stormtroopers. Y Gilliers ha suspendido sus negocios con cualquier otro comprador en la Galaxia.»

Thrak tenía razón: podría no ser nada. Pero era suficiente como para despertar sospechas.

Bloochk deslizó la datacard hasta Thrak, cuya mano enguantada la hizo desaparecer de repente entre las túnicas… para luego desaparecer él mismo como si nunca hubiera estado allí. Bloochk percibió el rápido movimiento del Nosphera pero no se inmutó. Había conocido muchas criaturas con habilidades extrañas.

Lo que hizo Bloochk fue incorporarse y salir del antro.

Por eso no se dio cuenta cuando el ithoriano, cansado del ruido que hacía el rodiano y haciendo gala de una inusitada agilidad, le voló la cabeza con un blaster pesado y luego tomó un commlink ante el que susurró unas palabras antes de abandonar el sitio.

No muy lejos, Thrak tenía otro encuentro… que no le agradaba.

Un blaster pesado EE-3 le apuntaba directamente al entrecejo. Y la identidad de quien lo empuñaba le garantizaba que, por rápido que se moviera, no sería suficiente. La alta figura humanoide y fuertemente armada lo miraba a través del oscuro visor de un casco mandaloriano.

«¿Qué quieres de mí, Fett?»

«Yo, nada, Nosphera. Pero alguien importante está muy interesado en tus actividades.»

«¿Y quién puede ser?»

«Si no lo sabes tal vez tus fuentes te están fallando, Thrak.»

De repente el callejón se llenó con las pisadas sincronizadas de un escuadrón de stormtroopers.

Con doce blasters pesados apuntándole, Thrak sabía que las apuestas estaban en su contra.

Un oficial se acercó a Boba Fett y le entregó un datacard.

«Buen trabajo, Cazarrecompensas. Lord Vader estará satisfecho.»

«Dígale a Vader que estoy a su servicio… siempre y cuando alcance mi precio.»

Fett tomó el datacard y dio media vuelta sin decir nada.

Al desviarse por un callejón lateral, escuchó claramente varias descargas de blasters pesados, pero no se inmutó y continuó su camino.

***

Tal y como había dicho Thrak, Gilliers era una compañía bastante pequeña. Ni siquiera tenía una oficina propia: rentaba una en un complejo no muy lejos de los niveles inferiores.

Lo cual hacía más notorios a los dos agentes de Inteligencia Imperial que vigilaban de cerca la entrada disfrazados como técnicos, y al escuadrón de stormtroopers que patrullaba la calle con tres veces más frecuencia de lo que eran patrulladas otras calles del sector.

Bloochk no se preocupó por disminuir el paso y cruzó sin inmutarse por el vestíbulo del edificio.

La oficina de Gilliers estaba atendida por una muchacha humana sorprendentemente bella y torpe, que se ocupaba de su estética personal bastante más que de los negocios, tal como pudo comprobar Bloochk al aguardar casi tres minutos a que ella levantara la cabeza de lo que estaba haciendo con sus uñas.

«¿Puedo ayudarle?» Al principio, la pregunta no era más que pura formalidad tediosa… pero cuando los ojos verdes de la chica se cruzaron con la gris mirada de Bloochk, algo cambió y la última palabra se convirtió en casi una invitación.

«Soy Karryi Terennsi, de Trikkiem. Me dijeron que su compañía vende paneles de durasteel…» Bloochk no necesitaba ni siquiera practicar el papel de tímido provinciano.

«Bueno, la verdad, las operaciones están suspendidas momentáneamente, pero… podríamos seguir en contacto y eventualmente cerrar un buen trato…»

«Suspendidas…» Bloochk intentó exitosamente parecer bastante desanimado. «¿Por qué suspendidas?»

«Oh, en realidad no están «suspendidas»» La chica trataba de impresionarlo asumiendo un aire profesional «sucede que la particular eficiencia de la compañía y la calidad de nuestros productos han llamado la atención de cierto comprador importante…»

«Bueno, si tú me dices quién es, yo podría contactarlo y tratar de hacer negocios con él…»

Ella pareció consternada y, durante un breve instante, un profundo temor cruzó el fondo de sus ojos.

Una datacard de negocios apareció en la mano de Bloochk.

«Por supuesto, si tú me ayudas a contactar a ese comprador, podrías llevarte una buena comisión. Trikkiem podrá ser un sistema pobre, bajo estándares galácticos, pero aún tiene mucho que ofrecer a individuos emprendedores…»

La chica miró el datacard. El temor luchó durante un momento con la codicia. Finalmente, mordiéndose los labios, tomó la tarjeta.

«En realidad no sé quién es el comprador…» hablaba en voz muy baja y mirando con recelo hacia la puerta de la oficina. «Pero el último embarque debería salir hoy… no sé a dónde. Nadie en la compañía lo sabe. Sólo sé que la nave se llama Haldeem Kiraya…»

Bloochk le dirigió una sonrisa aliviada. «Acabas de salvar mi Clan…»

La intensa mirada de la muchacha cambió en el instante mismo en que Bloochk abandonó la oficina. Con una actitud bastante distinta, la chica tomó un commlink. «Va hacia la nave. Tengan cuidado, parece bueno.»

***

El carguero pesado coreliano Haldeem Kiraya estaba listo para despegar en un muelle civil. Tomando atenta nota de la identificación del muelle, Bloochk se puso en contacto con Dynamo.

«Bien, compañero, te toca trabajar. Quiero que revises los cargamentos que hayan llegado al muelle 47B del complejo 138 para embarque en la nave Haldeem Kiraya. Hazme saber si encuentras algo interesante.»

Un blip le informó que el androide estaba trabajando y Bloochk se relajó y se dedicó a esperar. Estaba situado en un balcón cerca al muelle, al parecer entretenido viendo los despegues, pero estaba completamente alerta. Eso le permitió detectar con facilidad un speeder que pasó por cuarta vez cerca del balcón, dentro de la altura reglamentaria del tráfico pero un poco demasiado lento.

Calmadamente, sin levantar sospechas entre la guardia de stormtroopers ni entre los transeúntes, empezó a caminar hasta un turbolift y ascendió hasta los niveles superiores, trazándose entre tanto una ruta mental rápida pero irrastreable hacia la Dark Scythe.

Al descender del transporte se dio cuenta de que un hombre lo seguía de cerca… pero era un profesional. Así que tuvo razón sobre la chica. Una espía imperial, y de las buenas.

El commlink emitió un pitido. «Dynamo, transmite a pantalla»

Una pequeña pantalla en el dispositivo de su muñeca empezó a pasar datos a toda velocidad. Tal vez excesiva para la mayoría de los seres humanos, pero adecuada para Bloochk.

«Hey, espera un momento. Retrocede un poco. ¿Tienes más datos sobre ese embarque, el de hace una semana?» Varios pitidos y silbidos electrónicos respondieron y la pantalla renovó su contenido. El hombre que lo seguía se había quedado intencionalmente retrasado para no adelantar demasiado mientras Bloochk estaba aparentemente distraído. «Um, esa cantidad de Bacta es un poco demasiado grande para una pequeña operación minera en un asteroide… ¿puedes rastrear la ruta de esos cargamentos?» Más silbidos y pitidos y más información. «Sí, ya lo veo, son rutas distintas… pero creo que si interpolamos algo… no, aguarda. Hay algo. Una ruta repetida… busca coincidencias con la ruta del Haldeem Kiraya…»

Bloochk se detuvo como para mirar un escaparate que exhibía algunas joyas exóticas. Blip. «Creo que Haldeem Kiraya está descartado… van a vigilarla. Tomemos uno de los buenos capitanes… el transbordador Farko servirá. Rastrea sus actividades, avistamientos, rutas conocidas, trata de interpolar las desconocidas… y tenme un buen informe listo para cuando llegue. Ah, y ten preparados los motores. Creo que vamos a tener que salir a la carrera y sin despedirnos.»

En ese momento se dio cuenta de que al menos dos speeders se aproximaban desde vectores diferentes pero que convergían en las coordenadas del hombre que lo seguía. Y bastante más lejos, empezó a advertir tres transportes de tropas que maniobraban como para rodearlo. Si cada uno transportaba los doce soldados imperiales que podía… Bloochk estaba en problemas.

El primero de los speeders llegó hasta donde estaba el agente imperial y Bloochk tomó una decisión. Empezó a caminar hacia el vehículo, que parecía tripulado sólo por un droide astromecánico.

Al acercarse, el hombre se puso en guardia, con la mirada fija en Bloochk, que levantó los brazos. El agente lo miró sorprendido.

«Me rindo. Supongo que te darán una recomendación por esto…»

El hombre no respondió, sino que desenfundó un pequeño blaster.

«Bueno, no creo que sea para tanto…» En ese momento, su posición le permitió a Bloochk verificar que, en efecto, el único ocupante del speeder era un astromech de la serie R2, que miraba impasible la escena con su único ojo electrónico.

«Ya veo que eres todo un profesional.» Bloochk siguió hablando. El otro speeder llegaría en veinte segundos o menos. «Pero hay algo que no sabes…» La mano derecha de Bloochk descendió de pronto. El tipo siguió el movimiento y de pronto se quedó paralizado. De su garganta sobresalía la empuñadura de una pequeña vibrohoja. «Nunca enseñes tus armas hasta cuando sea necesario.»

Aún antes de hablar y de que el agente imperial cayera al piso, Bloochk estaba en el asiento del speeder y disparaba a quemarropa al pequeño astromech, que se apagó en el acto. «Sin rencores, muchacho. Eso tiene reparación.»

Bloochk encendió el commlink del speeder, para enterarse de la tremenda barahúnda que había armado.

«El sospechoso huye en uno de nuestros vehículos. Repito, el sospechoso huye en uno de nuestros vehículos…»

El otro speeder había acelerado y estaba casi en su cola… pero tenía dos desventajas: no estaba armado y estaba pilotado por un astromech. Bloochk sabía que, en caso de necesidad, los androides son excelentes pilotos, pero bastante predecibles. Bloochk se desvió a la derecha y frenó con brusquedad. Un solo disparo bastó para desactivar al otro piloto al pasar a su lado y el vehículo salió de la vía. Cientos de metros abajo y atrás de Bloochk se escuchó, segundos después, una violenta explosión.

Los transportes de tropas habían quedado rezagados y un vistazo preliminar no le reveló la presencia de más agentes. No tenía tiempo para comprobaciones detalladas. Con mucho cuidado igualó la velocidad de un speeder civil que iba a unos metros por debajo y se aproximó todo lo posible. El Rybet que lo pilotaba se encontró de pronto violentamente sentado en un pequeño balcón mientras su speeder – compra reciente – se largaba a toda velocidad. Aún tardó un rato en recuperarse lo suficiente para empezar a llamar a gritos algún stormtrooper.

***

«Dynamo, enciende los motores.» A pesar de la calma aparente de la plataforma, el silencio de R4D9 disparó las alarmas de Bloochk. «Dynamo, enciende los motores.» Nada. Sin embargo, los pequeños escapes de vapor de los enfriadores principales estaban encendidos. «Dynamo…»

«¡Alto!» El grito estuvo acompañado del usual concierto metálico de pisadas y armaduras de un escuadrón stormtrooper.

Ysir Bloochk se volvió para evaluar la situación.

Un escuadrón completo corría a toda velocidad hacia la Dark Scythe, desplegándose para ofrecer una mayor cobertura de fuego. Dos de los stormtroopers se afanaban en la entrada del muelle para armar un cañón e-web. Bloochk los derribó primero y luego disparó una ráfaga en arco para obligar a los demás a cubrirse.

La rampa de la nave descendió en ese momento y Bloochk saltó adentro. El sonido creciente de los repulsores de gravedad le dio la bienvenida.

«¡Dynamo, larguémonos de aquí!»

De nuevo el androide guardó silencio, pero la nave vibró y empezó a elevarse. Bloochk se acomodó en el asiento del piloto y tomó los mandos. Lo primero que hizo fue activar los escudos al máximo.

«Bien, el Gremio de Pilotos me va a quitar la licencia…»

La aceleración lo incrustó en el espaldar de su asiento cuando aceleró al tope con los motores de iones. La nave se elevó con un agudo gemido. Bloochk trató de confiar en que la maniobra no arruinara los motores, al menos no antes de estar a salvo en el hiperespacio.

La alarma de proximidad de los sensores empezó a emitir frenéticos bips, pero la pantalla de traducción de Dynamo permaneció apagada. La respuesta al misterio se materializó en forma de un blaster E-11 cuyo cañón se apoyó en su sien.

«No es buen momento, Thrak. Yo también estoy interesado en salir de aquí con vida.»

El Nosphera, respirando dificultosamente, entró en campo visual de Bloochk.

«Es mi nave ahora»

«Mira, Thrak, en serio, podemos discutirlo luego…»

Dos impactos sacudieron la nave. Bloochk y Thrak escucharon el particular chillido de los cazas TIE que se aproximaban.

El brusco salto de la nave arrojó al Nosphera al piso y puso el blaster al alcance de Bloochk, que lo agarró.

La túnica de Thrak estaba desgarrada y, aunque las múltiples capas de tela ocultaban el cuerpo del alien, las manchas oscuras que las cubrían le indicaron a Bloochk que Thrak estaba herido. El Nosphera se incorporó con dificultad.

«Tú… eres… parte de la… trampa…»

«No pienso discutirlo ahora, compañero. Pero, si lo soy, ¿a qué el escuadrón que nos persigue?»

Un nuevo impacto disparó una alarma preventiva en el panel de los escudos. El cielo se hacía cada vez más oscuro a medida que se alejaban de la superficie.

«Pienso que el sitio más seguro para ti ahora es la torreta de popa. De paso puedes ser de utilidad.»

«No lo creo.» Una vibrohoja se clavó en el hombro de Bloochk. El brusco salto de la nave fue bien aprovechado por uno de los TIE, que acabó con el escudo trasero con una ráfaga de láser.

Bloochk golpeó con fuerza a Thrak, que fue a dar contra un panel de mandos, arrancándole chispas. La nave dio una fuerte sacudida y varios indicadores le dijeron a Bloochk que los motores de babor estaban perdidos. La navicomputadora indicó que se aproximaban a distancia segura para saltar a la velocidad de la luz.

Con un movimiento desesperado, Bloochk liberó el módulo de los motores – toda la parte trasera de la Dark Scythe – y el empujón de los motores auxiliares volvió a lanzarlo contra el asiento del piloto, y a Thrak contra el piso.

El procedimiento de escape iniciado con la expulsión de los motores principales empujó a la nave al hiperespacio en un salto de emergencia que pocos pilotos en la galaxia arriesgarían.

Bloochk sabía que la distancia del salto inicial era lo suficientemente corta como para evitar el riesgo de algún cuerpo celeste de gran magnitud… pero los cuerpos celestes – o mecánicos – de magnitud relativamente pequeña también eran un problema si uno salía del hiperespacio exactamente en frente – o en medio – de ellos.

Una vez en el hiperespacio, Bloochk tomó el blaster y apuntó a Thrak.

«Te perdono intentar robarme la nave. Yo hubiera hecho lo mismo. Te perdono la herida: duele pero no es grave. Pero dime, ¿dónde mynocks pusiste a Dynamo?»

«Tu androide… se lo vendí al administrador del muelle.»

Bloochk disparó y se dispuso a calcular el siguiente salto.

***

Entretanto, en Centro Imperial, un viejo androide de servicio se tocaba la cabeza metálica con mecánica desesperación mientras recorría el área donde una nave había estado estacionada. El viejo carguero terandiano era poco más que chatarra – ni siquiera los sistemas de soporte vital funcionaban – pero el androide R4 que se lo robó y se robó a sí mismo estaba casi nuevo y hubiera podido venderlo por una fortuna en el mercado negro.

El androide administrador del muelle se prometió a si mismo no confiar jamás en las gangas propuestas por un Nosphera.



Technorati Tags:, ,

~ por Mornatur en Septiembre 18, 2007.

Una respuesta to “Star Wars – Conciencia de Muerte”

  1. Excelentes relatos, quedo pendiente de la continuación. Un saludo.

Escribe un comentario