Star Wars – Conciencia de Muerte

3.
En el Hiperespacio

Bloochk se detuvo al final del pasillo de la fragata coreliana Yereem y aguardó a que la puerta del despacho privado del general Vernan se abriera.

Vernan lo recibió con una ligera sonrisa – más de lo que era capaz de expresar habitualmente.

«Ysir, tome asiento. El interrogatorio del Nosphera ha sido pesado… pero más fructífero de lo que yo mismo me hubiera atrevido a esperar.»

«Sólo espero que la lentitud de los métodos no nos ponga en problemas…»

Vernan se sentó frente a Bloochk.

«Es necesario que comprenda, Ysir, que los métodos que usted critica por su lentitud son los únicos que podemos usar sin convertir la Alianza en otro foco de maldad como el Imperio…»

Bloochk rió por lo bajo e hizo un movimiento para disipar el tema.

«Sabía que diría algo así. ¿Han analizado la información recogida por Dynamo?»

«Sí, y debo decirle que los resultados de los análisis y de las interpolaciones realizadas por el R4 son muy interesantes.» Vernan entregó un datapad a Bloochk. «He aquí nuestras conclusiones preliminares.»

Bloochk dio un rápido vistazo a la información en pantalla.

«Muy interesante. Es lo que había pensado. ¿Creen usted o el Alto Mando que el Imperio esté reconstruyendo…?»

«¿La Estrella de la Muerte? No, no lo creo, y al menos Mon Mothma comparte mi opinión. Por supuesto, muy pocos tenemos conocimiento sobre estos movimientos de personal y tecnología…»

«Sin embargo, se trata de enormes cantidades de material…»

«No la suficiente para una estación de ese tamaño y poder, ni siquiera en una etapa muy temprana o muy tardía de la construcción. No. Debe ser algo diferente.»

«¿Qué hay del nuevo modelo de Destructor Estelar, el Superdestructor?»

«Sabemos que Kuat Drive Yards ha entregado al menos dos unidades que ya están en operación. No es probable que necesiten tanto secreto alrededor de un Superdestructor. A propósito, parece que uno de ellos ha sido entregado a Vader.»

«Que la Fuerza nos proteja…»

Vernan se puso en pie y tomó una botella de un estante empotrado en la pared, haciendo un gesto de ofrecimiento a Bloochk, que asintió. Vernan continuó hablando mientras servía dos vasos de licor.

«Pero ese peligro no nos preocupa más de la cuenta por el momento. Se trata de un peligro conocido y ponderable. La pregunta que nos tortura es otra: ¿qué armas está construyendo el Imperio? Puede que no se trate de una nueva Estrella de la Muerte, pero el estricto secreto con que se está manejando el asunto lo torna bastante ominoso. ¿Qué se traen ahora entre manos?»

Bloochk tomó un trago de su bebida y bajó la cabeza, pensativo.

«Pienso que debe ser algún sistema de ataque. Algún nuevo tipo de nave, tal vez algo más poderoso que un Superdestructor.»

Vernan asintió.

«Eso creemos. Pero lo más importante, debe ser una nave no convencional, por poderosa que sea. Hasta donde sabemos, un Superdestructor no es más que un Destructor Estelar clase Imperial hiperdesarrollado. Eso no lo hace menos peligroso, pero sabemos a qué tipo de peligro nos enfrentamos y podemos desarrollar tácticas para neutralizarlo.»

Bloochk se puso en pie y se dirigió al ventanal ubicado tras el escritorio de Vernan. Se extasió durante un instante con el extraño paisaje energético del hiperespacio.

«¿Hay alguna pista sobre el destino de esos cargamentos de Bacta?»

Vernan negó con la cabeza.

«Ninguna, excepto que la información sobre el Bacta pone sobre la mesa algunas otras preguntas.»

Bloochk volvió a sentarse y asumió una actitud de profunda atención.

Vernan oprimió un control al costado de su escritorio y un pequeño holoproyector entró en acción, mostrando algunos gráficos estadísticos.

«Con ayuda de la información suministrada por usted y por Thrak, hemos logrado calcular la cantidad aproximada de material usado en el proyecto, sea cual sea. Dicha cantidad puede ser interpolada con la cantidad de tripulación y tropas que se puede relacionar con una o varias naves cuya construcción requiera ese material. A partir de allí, podemos calcular cuánto Bacta podría ser necesario para soportar estaciones sanitarias suficientes como para esa cantidad de personal.»

Boochk se aproximó al holograma y señaló una cifra que titilaba en rojo.

«Es una cifra absurda. Debe haber algún error…»

«No parece haberlo. Salvo esa cantidad, la mayoría del bacta producido en la galaxia puede ser rastreado sin mayores problemas.»

«Bueno, parece que el Imperio tiene un déficit de casi un noventa por ciento del bacta necesario para el proyecto…»

«A no ser que el proyecto no tenga que ver con tripulaciones orgánicas que requieran Bacta…»

Bloochk frunció el entrecejo, concentrado.

«¿Alguna especie no humana?»

«Improbable para el Imperio.»

«O un ejército de androides»

«Factible, improbable, pero una posibilidad a tener en cuenta.»

«Una entre muchas otras. Creo que la única opción es ir y averiguarlo…»

Vernan se inclinó hacia Bloochk.

«Estamos de acuerdo en eso, Ysir. Sólo hay un problema: aún no sabemos adónde ir.»

«Pero se puede averiguar. Présteme un par de analistas. Con ellos y con Dynamo podríamos pensar en algo.»

«De acuerdo. Hay un par de Bothans que quieren una labor un poco más activa que sentarse ante una consola todo el tiempo…»

«Pues mala suerte para ellos por ahora, pues eso es lo que necesitamos. Después, y según lo que averigüemos… creo que tendré al equipo Alfa en operaciones de práctica.»

«Bien pensado, Ysir. Hágame saber lo que encuentre.»

«No hay problema.»

***

Ambos Bothans eran bastante jóvenes, muy impetuosos, extraordinariamente eficientes, y tomaron la solicitud de Bloochk como si los hubieran ascendido a Capitanes. Y le tomaron una extraordinaria estima a Dynamo desde el primer momento. Aunque el androide era bastante reservado de ordinario, encontró también en los menudos y peludos aliens dos compañeros de trabajo casi tan incansables como él.

Después de sólo cuarenta y ocho horas de análisis, los tres se presentaron en el despacho de Bloochk a bordo de otra corveta coreliana, la Stinger.

«Bien, muchachos, espero que valga la pena.»

«Eso creemos, señor» A pesar de su entusiasmo, los jóvenes no podían evitar sentirse intimidados ante nada menos que un Coronel de la Alianza.

Uno de ellos puso sobre el escritorio un datapad y un holoproyector portátil que activó de inmediato. Un mapa de la galaxia.

«Muy bonito» comentó Bloochk.

«Gracias, señor, pero eso no es todo. Observe.» El otro Bothan empezó a manipular el datapad. Varias líneas rojas se extendieron en diversas direcciones desde un sitio cercano al centro de la galaxia.

«Estas son las rutas tomadas por los embarques de bacta, señor. Hemos preferido ignorar lo de Gilliers… creemos que se trata de una trampa diseñada para capturar a Thrak y a cualquier agente de la Alianza que él hubiera podido contactar…»

«Bravo, no había pensado en eso yo mismo.» Ninguno de los Bothan pudo ignorar el sarcasmo del comentario. Pero prefirieron no dar señales de ello.

«Hemos interpolado las rutas usando algunos algoritmos creativos que Dynamo no había tenido en cuenta, y hemos determinado este sector como destino posible de los embarques.»

Un área del mapa aumentó de tamaño y se iluminó con un resplandor azul. Abarcaba un sector importante de los Terrirorios Exteriores y estaba ubicado en una posición completamente opuesta a la indicada por las rutas del bacta.

«Bien, eso son sólo unos cuatro o cinco millones de sistemas. Sólo debemos armar unos dos millones de equipos de infiltración y enviarlos…»

«Bueno, señor, creemos que uno sería suficiente, en realidad. Hemos tenido en cuenta que la dirección general de las rutas sería demasiado obvia y buscamos, en la dirección opuesta, sistemas inhabitados o de población inteligente escasa y con mundos de poco interés político o económico tanto para el Imperio como para nosotros. Afortunadamente, hemos podido interpolar ese resultado con algunos reportes de avistamientos de naves relacionadas con el Imperio, y descubrimos que hay un Destructor Estelar Imperial asignado a una labor de patrulla muy curiosa en ésta área.»

Cerca del borde del sector iluminado, varios sistemas estelares brillaron con un tono verde.

«Es un área demasiado extensa para ser patrullada por una sola nave, y nos pareció demasiada coincidencia que estuviera dentro del área planteada por nosotros, así que analizamos los sistemas abarcados por el sector patrullado por esa nave. Son unos trescientos sistemas, en realidad.»

Bloochk batió palmas.

«¡Perfecto! Entonces podemos enviar a ese único equipo de infiltración y esperar unos trescientos años a que exporen esos trescientos sistemas…»

«Señor, no creemos que sea necesario hacer eso. En cambio, hemos seleccionado cerca de diecisiete planetas.»

«¿Basados en…?»

«Planetas aptos para la vida humana sin ayuda artificial. Consideramos factible que el Imperio no estime conveniente los gastos extras implicados en la instalación de sistemas de soporte vital para la cantidad de personal indicado por las cifras del bacta.»

«Ese es un muy buen trabajo, pero, ¿Cómo sabremos cuál es el planeta? Me temo no contar con suficiente personal para revisar ni siquiera esos diecisiete.»

«Señor, tenemos una idea al respecto…»

El Bothan más joven dio un paso al frente y bajó la cabeza y el tono de voz, intimidado por lo que Bloochk creyó iba a ser una idea extremadamente arriesgada, tal vez idiota, muy improbable y poco factible.

Bloochk escuchó, y sonrió. Al contrario de lo que había esperado, los chicos cerraron su exposición con broche de oro y con una idea brillante.

 



Technorati Tags:, ,

~ por Mornatur en Septiembre 20, 2007.

2 comentarios to “Star Wars – Conciencia de Muerte”

  1. Sobervio, pendiente de la siguiente entrega… excelente trabajo.

  2. ¿Ya está registrado en la oficina de derechos de autor? es gratis

    En realidad, al tratarse de una obra basada en un universo ya creado, se trata de Fan Fiction: irregistrable.

Escribe un comentario