Bem

“Los Kuru saben teletransportar a la gente… claro que también pueden hacerlo con la comida y los animales y los juguetes…”

Con esfuerzo logré resistirme a esa detestable costumbre de adulto de corregir a los niños cuando hablan. De otro lado, sólo Miguel, que se quedó mirándome con esos gigantescos e inquisitivos ojos verdes, conocía realmente a los Kurugan-Kirev (“pero ellos prefieren que los llames Kuru”, había aclarado el niño) y ¿quién era yo para decirle que el término correcto era “teleportación” y no “teletransportación”?

Al otro lado de la habitación atestada de juguetes, Bem jugaba con un viejo hueso de plástico, agitando la cola como loco cuando Miguel lo miraba.

“¿Podrías explicarme algo, Miguel?”. Los enormes ojos verdes volvieron a mirarme. El desenfrenado agitar de la cola de Bem se detuvo y ojos y orejas del pequeño cuadrúpedo se centraron en mí.

“¿Cómo pueden los Kuru hacer todas esas cosas, si son perros?”

Los ojos del niño giraron hacia arriba con desesperación al tiempo que agitaba la cabeza y hacía un gesto despectivo con la boca. Supe al instante lo que estaba pensando, y estuve de acuerdo. ¿Por qué los adultos somos tan estúpidos casi todo el tiempo?

Cansado de dar explicaciones racionales a seres irracionales, Miguel se encogió de hombros y se volvió hacia Bem como pidiéndole consejo. El perro me miró con una sonrisa sarcástica mientras, junto a él, otros dos canes se materializaban en medio de una intensa luz blanca.

~ por Mornatur en Enero 23, 2008.

2 comentarios to “Bem”

  1. Dios, pero, ¿no era a los chinos a los que había que temer? Se ve que estoy un poco desfasada…

    ¿Los CHINOS?

  2. Mi abuela materna, que murió ya hace casi 20 años, me solía decir que su primogénito, es decir el hermano de mi madre, muerto hace más de 40 y al que no conocí, vaticinaba que un día los chinos dominarían el mundo y que por lo tanto había que temerlos. De hecho, creo que era una opinión bastante extendida. El por qué de tenerle miedo a algo así no logro explicármelo, pues después de todo la cultura china es fascinante y milenaria, lo que no se puede de ningún modo decir de la cultura americana que actualmente nos domina y de la que nadie parece quejarse más que con la boca pequeña.
    Por otra parte desde siempre he oído decir en mi familia que yo me parezco mucho a mi difunto tío, por haber heredado muchas de sus aficiones. Aunque obviamente nunca lo haya podido corroborar, el hecho es que sus opiniones algo sí que me han influido. Atávico percibo un vago temor a los chinos que no puedo justificar.
    Claro que ahora temeré más a los Kuru. Sobre todo porque cada vez veo más perros de esos asomar de las aperturas de los bolsos de señoras por lo demás perfectamente normales e inocentes…

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