Noche y Luna

sombra de plata en el paisaje de plata...
Agujas de hielo entre el pelaje plateado,
plata fundida delineando cada criatura del bosque nocturno
bajo la mirada milenaria de Selene.
Las zarpas golpean el suelo y el cuerpo enorme
parece volar entre los árboles ancianos,
galopando solitario contra el viento helado.
A veces se detiene, atento, sobre una colina o roca
y llama con voz potente, dejando brillar los colmillos
y reemprendiendo luego la veloz marcha rumbo al destino.
Sombra de plata en un paisaje de plata,
un sueño quizá, una ilusión terrible,
Lobo Blanco que corre en la noche.
En la montaña hay un castillo: un guardián antiguo
de piedras viejas, grises y duras, con memoria
de sangre y muerte, y tal vez ninguna risa.
En una almena hay una silueta femenina: una sombra delicada,
otro sueño, delgado, liviano, hermoso
que salta al cielo y vuela, desnuda.
El lobo corre, los ojos como fuego verde
y Ella vuela, desciende y cae
sobre el amplio lomo del ser que corre
y juntos cabalgan contra el viento
sombra de plata en el paisaje de plata
y un sueño blanco sobre su espalda.
Manos delicadas se pierden entre el pelaje blanco,
y unos pechos pequeños y firmes
se aprietan contra la espalda del gran lobo,
que poco a poco frena su carrera.
Y sus manos no son zarpas.
Y sus pasos son de hombre.
Bajo la mirada solemne de Selene
las manos buscan las pieles
y las bocas saborean el infinito
y el mundo es un gran vacío
en el que sólo caben manos, pieles y bocas
y alguna palabra arcana que se escapa.
Y la noche no termina, y las caricias
y los besos y el fuego eterno
y las miradas que se pierden en las miradas
y el universo explota en luces centelleantes
y júbilo celestial
y luego, el silencio.





















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