¿Terror?

¿Aterrorizado?Hace algunas semanas se ha vuelto a despertar en mi alma el hambre por un poco de auténtico miedo, de ese delicioso escalofrío en mitad de la espalda que Hitchcock apreciaba tanto como signo del auténtico suspense.

Pero el cine hace muchos años dejó de alimentar ese apetito por lo oscuro y lo sobrenatural y lo aterrador; una que otra luz ha iluminado por momentos el tétrico horizonte de mis macabros gustos; La versión más reciente de The Omen estuvo bien; Los Otros y quizá El Orfanato lograron, dentro de su predecibilidad, ocasionar alguna inquietud por lo oscuro. Identity y 1408 casi, casi lo logran de nuevo, pero sin alcanzar los eufóricos niveles de exquisito terror que en el pasado consiguieron Poltergeist, The Omen (la original), El Exorcista (antes de que el director le volviera  a meter mano) o Alien, el octavo Pasajero o la magistral Blair Witch Project, que tuvo – en cuanto a mí respecta – un éxito tal que desde entonces jamás volví a pasar la noche en una tienda de campaña.

Cansado de zombies (anotando que la trilogía de Resident Evil me gusta como saga de acción) y de sangre tortuosa y gratuita (y Eli Roth se puede ir al infierno), me dejé seducir por los trailers (error de principiante) de un par de producciones que prometían algo diferente.

“Extrañas Apariciones” (The Haunting in Connecticut, de Peter Cornwell) empieza a fallar desde el comienzo; es imposible desligarla de los dos bodrios cinematográficos que generó la estafa de Amityville. Y en resumen, la película no asusta.  En lugar de una sutil y creciente sensación de incertidumbre y miedo creciente, el director Cornwell recurre al simple sobresalto, al simple “¡BUUU!” sin elegancia ni estilo, un grito en el oído apoyado por efectos sonoros y visuales antiguos y repetitivos. E innecesarios hasta el punto de que la película, sin volumen, tal vez asuste más que la burda Casa de los Espantos de feria ambulante que se atrevieron a poner en las salas de cine.

No contento, esperé hasta que un nuevo título saciara el ansia tétrica.

Y el nombre de Sam Raimi (The Evil Dead, 1981) me atrajo como un imán hacia una sala a la que jamás debí entrar. Drag me to Hell tampoco se acerca siquiera al más remoto concepto de MIEDO.

En cambio, ver la película hasta el final constituye una auténtica hazaña, por todo el ASCO que hay que soportar. Las larvas, las mucosidades, los fluidos cadavéricos, no producen terror. producen repugnancia.

Así pues, el apetito de terror aún no se sacia; y la otra, la normal, tampoco, porque el asco del que responsabilizo a Raimi aún no pasa.

Sólo queda esperar a ver si nuestros brillantes administradores de cines consideran oportuno traer Paranormal Activity, de Oren Peli. ¿O será que les da miedito?

~ por Mornatur en Octubre 20, 2009.

2 comentarios to “¿Terror?”

  1. Es que Sam Raimi hace unos hibridos geniales entre terror y humor como ningún director es capaz, es una pelicula de frikis, de culto, tal como lo fue la saga de Evil Dead, el Gore es genial, a mi me encanto.

  2. Despues de la BRuja de Blair y Los Otros, poco se ha visto. Sobre Amityville, el libro me causo más pánico de lo que logró la película, creo que los clichés que le incluyeron para cambiar algunos elementos del libro terminaron de arruinar el asunto. Hace rato tampoco he visto algo que me provoque revoolverme en la cama. Sólo la situación política de Latinoamérica lo ha logrado.

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