Canto IV: La historia de la Última Fortaleza
Los Reinos de los Hombres prosperaron y se extendieron, y Arnor y Gondor fueron conocidos y respetados por los últimos de los Eldar que quedaban en la Tierra Media; mas la memoria de los hombres es corta y la Raza de Númenor se mezcló con razas menores, y los reinos decayeron; Arnor cayó en la ruina, y Gondor perdió a su Rey y fue gobernado por los senescales.
Muchas de las fortalezas que habían sido construidas para vigilar los pasos de la Tierra Oscura fueron abandonadas y olvidadas, y así fue como un día, nueve jinetes oscuros arribaron a un castillo construido en lo alto de una colina rocosa, en medio de las Emyn Muil, al sur de Mirkwood y bastante al este del Gran Anduin.
A los pies de los gruesos muros corría un camino angosto frecuentado por criaturas oscuras, lobos, huargos e incluso orcos y algún que otro Troll. Pero con el arribo de los nueve jinetes el camino se hizo peligroso para los seres de la oscuridad, pues muchos que partieron para ir por allí nunca regresaron ni llegaron a destino.
En la mente de los hombres la memoria de la fortaleza se había perdido. Tellost, la habían llamado, la Última Fortaleza, pues era el más alejado al Norte y al Este de los puestos de avanzada construidos en otros tiempos por los hombres de Númenor.
Cansados de vagar por el mundo durante los incontables años de dos Edades del Sol, los Elfos Oscuros y su augusto líder decidieron tomar por suya la Última Fortaleza, y repararon las defensas y construyeron una alta torre gris, y desde allí patrullaban las regiones del Norte en busca de seres malignos, y cuando Sauron empezó a reunir de nuevo sus ejércitos, la Última Fortaleza impidió que muchas criaturas acudieran al llamado del Oscuro Señor de Mordor.
Poco a poco una leyenda surgió y se extendió entre los escasos habitantes del Norte, Hombres, Enanos y algunos Elfos vagabundos: la del Oscuro Señor de la Última Fortaleza, Mornatur Tellosthir, que defendía los pasos de Mordor contra los invasores.
Los rumores llegaron hasta los Capitanes de los Dúnedain del Norte, a quienes se llamaba despectivamente Montaraces, y un nutrido grupo de ellos fue en busca de la extraviada fortaleza, para destruirla si estaba habitada por criaturas de Mordor.
Por días y noches recorrieron el norte de las Emyn Muil, hasta cuando una tarde vieron un camino estrecho y lleno de matojos, y con cautela ingresaron en él, y muy pronto se vieron cercados por lanzas negras y una voz profunda y triste les increpó preguntando qué querían.
El Capitán de los Dúnedáin reconoció en esa voz la de uno de los Primeros Nacidos, pero llena de cansancio y de nostalgia, y no tuvo miedo, y desmontando de su caballo gris saludó a los Elfos Oscuros en la Alta Lengua del Oeste, y entonces uno de los jinetes, que se distinguía de los otros pòr el alto yelmo negro tocado con una cimera en forma de dragón en vuelo, desmontó a su vez y fue hacia el hombre.
“Debo disculparme, mi Señor, pues en mis dominios no hay salón adecuado para recibir a un Rey”, fueron sus palabras, y se inclinó con respeto ante el Dúnedáin.
“No soy Rey ni heraldo de un soberano” respondió el hombre.
“Vuestra sangre es sangre de Reyes, y pocos linajes en la Tierra Media pueden reclamar mayor ascendencia que el vuestro. He conocido a quienes llevaron esa sangre en primer lugar, y muchas veces la derramaron junto a la mía, en los tiempos en que el que hoy llamáis Señor Oscuro no era más que una sombra y un sirviente del Enemigo Oscuro, y veo con alegría que la sangre de Barahír no ha menguado como la de otros Padres de los Hombres.”
“Los años de Arda son largos para los hombres, pero nuestro conocimiento es vasto; sin embargo, ningún recuerdo entre los nuestros queda de ningún Señor de los Eldar cuyos dominios estuvieran en esta parte del mundo”
“Vuestro conocimiento no miente, sin embargo, pues no hay aquí Señor alguno de los Eldar. Lo que véis es sólo un sueño, y un sueño seguirá siendo, y quizá una leyenda; pues el Enemigo podría temer y querer destruir a un tal Señor, mas no temerá a un sueño, aunque ese sueño sea capaz de destruir sus criaturas.”
Así los Dúnedáin supieron que tenían aliados en el Norte, y cuando el Capitán regresó con los suyos afirmó que la leyenda del Oscuro Señor de la Última Fortaleza era nada más que un sueño, y nadie puso en duda sus palabras.
Muchos años después otro Señor entre los Hombres, Alto Senescal de Gondor, halló por accidente la Última Fortaleza, y habló con su Oscuro Señor. Durante una noche y un día y otra noche ambos conferenciaron en lo alto de la torre gris, mas nunca revelaron qué palabras habían cruzado, y nadie en Gondor supo jamás que muy al Norte se ocultaba un poderoso enemigo de Sauron.
Finalmente la Guerra del Anillo estalló, y se libraron muchas batallas. Y aunque los ejércitos de Mordor eran vastos y crueles, la Tierra Media se resistió a la conquista, y la Última Fortaleza fue asediada pero nunca invadida, y sus guardianes impidieron que una poderosa fuerza de Orcos y Lobos llegara hasta el Valle y el Reino bajo la Montaña, que a duras penas resistían el embate de las huestes de Mordor.
Cuando el Gran Anillo fue destruido, y las criaturas de Mordor huyeron en desbandada, Mornatur, como era llamado Thinuial en la leyenda, y sus Elfos Oscuros, abandonaron por mucho tiempo la Última Fortaleza, y persiguieron y destruyeron muchas criaturas malvadas, y en bosques y colinas, y cañadas y pedregales, las espadas brillaron y se tiñeron de negra sangre.
<<Anterior::Regresar al inicio::Siguiente>>
—
Tierra Media Noldor Destino
Middle Earth Noldor Doom