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No sólo la guerra es violencia. Si quieres la paz, respeta la Vida.

No sólo la guerra es violencia. Si quieres la paz, respeta la Vida.

Si quieres la paz, respeta la vida.

Si quieres la paz, respeta la vida.

A medida que se acercan las temporadas taurinas en las principales ciudades del pais, crece también la inquietud de quienes creemos que la tauromaquia no es más que una obsoleta forma de entretenimiento a costa de la dignidad y la vida de seres inocentes, más cercana a una Misa Negra que a cualquier manifestación artística válida.

De otro lado, siempre están quienes alzan una voz doliente y furibunda ante cualquier manifestación de violencia en los medios mientras guardan como tesoros los abonos para la siguiente temporada y alaban después la pericia y habilidad de los toreros; yo mismo he sido víctima – en un incidente bien conocido de mis allegados – de discriminación mediática por presunto “satanismo” por parte de conocidos periodistas manizaleños que disfrutan, sin embargo, de la sangre derramada y el sufrimiento de los toros sacrificados al morbo público durante la conocida e infame Feria de Manizales. Infame por los toros, por los índices delincuenciales que los medios ocultan al mundo, por el turismo sexual del que participa una sociedad que se autodenomina “culta” – y cierra una Orquesta Sinfónica por falta de presupuesto mientras contrata a un escultor para que se deshaga de la basura de su taller regando por las calles de la ciudad esperpentos pintarrajeados que hablan muy mal del gusto estético y de la “cultura” de Manizales.

Este post está dirigido a quienes no son hipócritas. A quienes son conscientes de que la Vida es una y sagrada. Y está hecho para ser repetido, distribuido, copiado y enviado.

Es duro. Pero es cierto.

 
 

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Valkyrja

Valkyrie

Acero y fuego

aguardan en mi mano;

mis ojos ya sólo

ven la muerte, 

y mi voz tiene por única palabra

un grito de batalla.

Con rojo pigmento

dibujo la destrucción

entre las filas enemigas,

hasta cuando decidas

llegado mi destino.

Entonces me transportarás 

en tiernos brazos

hasta el salón del banquete,

y tal vez entonces

- sólo tal vez, vana esperanza -

pueda mirarte a los ojos,

inclinarme ante tí,

y declararme tu esclavo.

 
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Publicado por en 2009/03/09 in Relatos Oscuros

 

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Paréntesis

“Los poetas siempre odian a quienes están en el poder. Para ellos la perfección se esconde siempre antes de la última esquina o después de la siguiente. Escapan al presente con sueños de pasado y de futuro.”

Robert E. Howard, El Fénix en la Espada

“Los hombres civilizados son menos amables que los salvajes porque saben que pueden ser más descorteses sin correr el riesgo de que les partan la cabeza.”

Robert E. Howard, La Torre del Elefante

“Yo solo sé esto: que si la vida es ilusión, yo no soy más que eso, una ilusión, y ella, por consiguiente, es una realidad para mí.”

Robert E. Howard, La reina de la Costa Negra

Hace tiempo había hablado sobre Conan, pero los relatos que acabo de citar aún no estaban en mi biblioteca. Y las citas me hablan de la sabiduría de lo simple, de lo salvaje. Tal vez necesitemos ser un poco menos civilizados de lo que nos creemos. Porque, después de todo, “La civilización es antinatural. Es un capricho de las circunstancias. Y, en última instancia, la barbarie saldrá siempre triunfante.” (Robert E. Howard, Más allá del Rio Negro)

Ah, necesito unas dos o siete cervezas, negras, fuertes, y unos cuantos kilos de carne asada, – término medio, muchas gracias – y unas tres botellas de dulce hidromiel para terminar.

Conan, el cimmerio, por Mark Schultz

 
 

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Conan, el Cimmerio

Conan, El Cimmerio

 

“Hither came Conan, the Cimmerian, black-haired, sullen-eyed, sword in hand, a thief, a reaver, a slayer, with gigantic melancholies and gigantic mirth, to tread the jeweled thrones of the Earth under his sandalled feet.”

Robert E. Howard, The Phoenix on the Sword, 1932.

 

El hombre que no teme a humano o a bestia nació en el lejano Norte durante la mítica Edad Hybórea, antes de que los océanos hundieran a Atlantis. Y también nació en Cross Plains, Texas, cuando el siglo XX apenas comenzaba. Más de veinticinco relatos escritos por Robert Erwin Howard y un sinnúmero de secuelas escritas por otras manos en más de cien publicaciones y recopilaciones cuentan las hazañas de un bárbaro que ascendió desde el fango de las calles de Zamora, la ciudad de los ladrones, hasta el trono de Aquilonia, vistiendo la armadura como mercenario para muchos de los reinos hiborios y pilotando naves piratas en la Costa Negra bajo el apodo de Amra el León, y de paso ganándose las caricias y a veces el corazón de bellas y exóticas princesas, guerreras y ladronas.

El concepto primario detrás de la montaña muscular, iracunda y asesina de Conan El Cimmerio es el ser humano simple y mortal cuyo mayor poder radica precisamente en su propia mortalidad y, sobre todo, en la conciencia que la acompaña y que le permite acometer las más osadas hazañas sin temor. Por eso Conan sólo teme a la Magia: inmaterial, incomprensible e imposible de combatir por el único medio que Conan conoce y domina: el filo de la espada.

Ese concepto fue el que ofreció a Conan la posibilidad de conquistar, además de reinos, las estanterías de millones de lectores masculinos – y muy pocos femeninos – que encontraron en el personaje un reflejo de sus más básicas aspiraciones: fuerza bruta y mujeres hermosas. Cabe anotar, sin embargo, que una de las mayores virtudes del cimmerio es su primario código de honor que le obliga a respetar profundamente a la Mujer, impidiéndole maltratarla o forzarla. Toda una lección para ciertos abundantes bárbaros contemporáneos que se creen bastante masculinos.

Otra de las características del Cimmerio es su estrecho lazo con su creador. Conan no es sino el Alter Ego ideal del propio Robert E. Howard, quien buscaba en las aventuras de su gigantesca proyección un alivio para un mundo “real” cada vez más denso, pesado y poco atractivo; un mundo que, de hecho, decidió dejar por propia mano en 1936.

Esa instintiva apelación al bárbaro dentro de Howard y, a través de él, dentro de todos nosotros, ha continuado a través del tiempo, y ya no sólo desde el texto impreso. Ilustradores, dibujantes de cómics y artistas de la talla de Frank Frazzetta, Boris Vallejo y Luis Royo han ofrecido sus pinceles para dar al concepto una imagen. Sin embargo, dicha imagen sólo se puso en movimiento hasta 1981.

Quizá antes de esa fecha no existiera una montaña muscular capaz de representar al bárbaro, y la industria cinematográfica hubo de esperar la aparición de Arnold Schwarznenegger para personificar (sin mucho esfuerzo) a un silencioso cimmerio. En cualquier caso, la película, dirigida por John Milius sobre un polémico guión del propio Milius con la cooperación de Oliver Stone y al asesoría del escritor L. Sprague de Camp, se constituye en uno de los mejores ejemplos de una buena adaptación cinematográfica – punto de discusión, polémica y diatriba dondequiera que se hable de ella.

La película fue casi de inmediato seguida de una secuela, en la que los elementos de los relatos originales son tomados de manera más fragmentaria y menos coherente – si bien la historia contada no es, en sí misma, incoherente – y con la banda sonora de Basil Poledouris readaptada con fragmentos en que el heroico score original se convierte en un potpourrí con trazos pop. A pesar de todo ello, “Conan The Destroyer” (Richard Fleischer, 1984) es una buena producción, con una historia fluida y unos personajes bien construidos que, a pesar de ser un pastiche, podría encajar sin problemas dentro de cualquier antología de Conan.

Todo lo contrario ocurre con la poco duradera serie de TV “Conan the Adventurer”, protagonizada en 1997 por el fisiculturista germano Ralf Möeller, con una calidad de la producción tan pobre que no sobrevivió – para regocijo de la humanidad – más de unos pocos capítulos. Para 2007 se espera el inicio de una nueva producción sobre el Cimmerio escrita y quizá dirigida por Boaz Yakin, pero poco se sabe con certeza sobre el nuevo proyecto.

Aparte de la literatura y el cine, el medio que tal vez haya aportado un mayor número de lectores jóvenes a Conan – y a través de él a toda la fantasía heroica – es el cómic.

Desde 1970 el Bárbaro ha aparecido en viñetas casi sin interrupción. Hasta 1993, las aventuras de Conan estuvieron en manos de Marvel Comics, que llegó a integrarlo, en ciertos momentos, dentro de sus principales líneas, como los Vengadores y los Cuatro Fantásticos. Adicionalmente, la línea argumental de Marvel se tomó bastantes libertades con el universo original de Robert E. Howard, y aunque el Conan de Marvel es interesante, tiene muchas diferencias con la idea original del autor, si bien algunas ediciones especiales y novelas gráficas se preocuparon precisamente en conservar las pautas primitivas.

A partir del año 2003 la franquicia estuvo en manos de Dark Horse Comics, que se desligó por completo de los antecedentes Marvel y construyó, de la mano del guionista Kurt Busiek, un universo fresco basado de manera exclusiva en el universo creado por Howard y sin ningún vínculo con comics previos, con las versiones cinematográficas o con series de TV. El resultado es una serie sólida, consistente con los conceptos originales y muy atractiva tanto para el lector novato como para el veterano conocedor de la Edad Hybórea. Dichas características han continuado aún después del cambio de guionista a principios de 2006.

Por supuesto, caben esperar nuevas expresiones en las que la espada de Conan el Bárbaro se abra paso con acero y fuego hasta las mentes y los corazones del público: nuestro medio capaz de comercializar TODO se asegurará de ello. Juegos de Video, de estrategia y de cartas coleccionables ya están en el mercado, y no se harán esperar nuevas producciones cinematográficas y de TV – se rumora que Hallmark ya ha comprado derechos.

En cualquier caso, Conan el Bárbaro siempre ronda a la vuelta de la esquina: Cuando pensamos en las cadenas que la “civilización” nos impone. Cuando deseamos solucionar los problemas de la manera más fácil sin dejar atrás el depreciado concepto del Honor, o cuando simplemente añoramos un mundo más simple… nuestro bárbaro interior está susurrándonos al oído. Y tal vez sea un Cimmerio, descendiente de Atlantes… y quizá su nombre sea Conan.

7:30 PM –

Llego a casa con cara de ponqué: tras una larga e infructuosa lucha de años, he logrado obtener mis propias copias de “Conan el Bárbaro” y “Conan el Destructor”. Mi Pedacito de Felicidad pone cara de angustia pero acepta ver el “Bárbaro”.

Cinco minutos después de iniciada la película, me pregunta:

“¿Y cuál es la gracia de ver esta… película?”

Mujeres.

 
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Publicado por en 2007/03/22 in Ante los ojos del Señor Oscuro

 

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