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¿Por qué?

Una cabalgata. El viento helado – espada del cielo – haciendo ondear el estandarte rubio en la cabeza sin yelmo y el rojo estandarte de guerra anudado a la lanza. La armadura y el manto de pieles pesan pero el peso importa poco. La nevada apenas ha terminado pero el frío no se siente y la llanura amortajada apenas se percibe. El viento aúlla pero los gritos de guerra se escuchan más y lo único que se ve es la negra línea de los enemigos que invade y llena y desborda el horizonte. La punta de la lanza ya no amenaza al infinito azul pero busca un cuerpo enemigo y la llanura blanca se hace cada vez más pequeña y de pronto viento y nieve y universo ya no existen: sólo los gritos y la hoja de acero que danza esparciendo guirnaldas de rubí…

Despertar. ¿Dónde…? La respuesta llega tarde. La orquesta sinfónica en el escenario ha dejado de tocar y casi todos están de pie. La imagen de la cabalgata sigue como superpuesta, los ecos de los gritos y el entrechocar de metales se funden, desvaneciéndose poco a poco, con los aplausos y bravos de la sonriente multitud alrededor.

Salir a la calle. Los ecos de Holst están regresando y en cambio la cabalgata se difumina como un mal sueño… pero no fue un sueño… ¿o sí? Las luces y los ruidos del tráfico y de la calle empiezan a recobrar el dominio absoluto de la realidad y el viento y la llanura y los gritos se desvanecen.

La confusión puede, quizá, ser resuelta en un jarro de dorada cerveza helada.

Nunca había visitado la taberna: un rincón olvidado de un mundo olvidado en medio del ruido cotidiano. Antigua melodía entremezclada con guitarras eléctricas y la voz de una hechicera con ojos como la luna llena. La jarra llega pronto…

Y una hechicera muy diferente mira desde el fondo de la sala. Un rostro hermoso pero desconocido. ¿O no…? La mirada no da lugar a confusión y los ojos luminosos están claramente enfocados…

…La mortaja de la llanura se ha cubierto de carmesí y de siluetas tendidas en eterno y definitivo homenaje a dioses sin importancia. El caballo trota lentamente, alejándose de la matanza. La espada en la vaina ya está limpia y la victoria es cierta pero el cansancio es una marea que invade y destruye sin compasión. Cansancio que no se irá, pero se hará más fuerte la próxima vez que los cornos llamen a la batalla. Cansancio como una maldición hasta cuando el alma decida retirarse a las estancias intemporales.

El ejército victorioso se aleja. Un túmulo – blanco ya – coronado de lanzas guarda los restos de los héroes recientes y una hoguera lanza al cielo en forma de negrura el no-ser de los vencidos. Es mejor no cabalgar con el ejército: hablan, gritan, ríen, fingen que nunca temieron y alaban a los que no cabalgarán otra vez, pero las voces y las carcajadas y las victoriosas canciones sólo alimentan ese cansancio infinito.

Es mejor alejarse por caminos secretos y solitarios, acompañado por el viento que nunca descansa y por las voces que hacen la música del mundo cuando el hombre y su esposa, la muerte, no están cerca.

Es mejor cabalgar la noche entera bajo la Luna Llena – o aún bajo un manto negro e invernal – que aguardar bajo una tienda escuchando las historias, ya no tan ciertas, de una batalla que tal vez sea recordada.

Es mejor recibir los primeros rayos del sol como una bendición tras una noche de viento y saber que el término de esa marcha ya está cerca, en un salón de piedra donde, quizá, aguarde Ella, la única capaz de convertir el cansancio sempiterno en poco más que una leyenda…

Mas ella no aguarda en las escalinatas…

… sino que mira con fijeza desde el fondo de la taberna.

¿Acaso se trata de ella, sin duda? Es un rostro hermoso pero desconocido. La memoria no guarda rastro de esos ojos oscuros ni de esos labios tentadores de expresión indescifrable. ¿O sí?

No importa. Está mirando y sólo unos pasos separan las miradas de las palabras, pasos dados con prontitud pero sin afán…

…hasta coronar la escalinata de piedra y empujar las hojas de roble y entrar en el salón de piedra acompañado por el viento infatigable y algunos copos blancos.

El silencio. Una mordaza atroz que hiere por la ausencia de una carcajada de bienvenida, de una palabra. El frío, mayor que el impartido por el viento, y más cruel por la ausencia de unos brazos y un cuerpo y unos labios capaces de hacer olvidar el frío y el cansancio y los gritos y el peso de la armadura y del manto de pieles.

Sólo queda la escalera en caracol…

La mirada se hace más intensa, inquisitiva. ¿Cuánto de la realidad se ha perdido en ese ensueño tan real pero ahora tan incierto?

No importa. Las palabras continúan y el relato del ensueño es una llave. Ella también recuerda y las palabras están acompañadas de sonrisas y de promesas.

La noche no se ve truncada por nuevas fantasías, o sueños o desvaríos de salones de piedra y soledad. No es posible pensar en soledad a su lado: es una hechicera y su hechizo es de felicidad perdida desde tiempo atrás y hallada de nuevo y de cálida compañía en forma de palabras y sonrisas, y besos que parecen durar la eternidad y de caricias infinitas y murmullos y fiebre y suspiros y alientos entrecortados, y de ver el infinito en medio de supernovas que estallan y conocer la única verdad: que somos seres incompletos hasta ese instante preciso y precioso en que los seres se completan.

Amanecer, y la visión de una hechicera que ahora es un ángel, ajeno al mundo y con la paz reflejada en esas facciones que ahora se recuerdan con nitidez, como si siempre hubieran estado allí. ¿Para qué obligar ese ser celestial a enfrentarse a una realidad plana cuando la realidad de los sueños le permite ser feliz aún?

Un beso fugaz y un murmullo sin respuesta, y la imagen de la hechicera, con los ojos dulcemente cerrados queda todo el día, aliviando el cansancio sempiterno de lo cotidiano, de los significados artificiales y las necesidades innecesarias creadas para que unos pocos desperdicien existencias en la nulidad de lo cotidiano.

El atardecer, y la urgencia de ser testigo – no simplemente recordar – esos ojos y esos labios y la dulzura y la pasión.

El ascensor no funciona y sólo queda la escalera en caracol…

…que le permite al viento helado cantar entre los curvados muros de piedra como alma en pena con melodías que agregan aún otro aguijón al sordo dolor que crece en el fondo del alma a medida que los pasos acortan el número de los peldaños restantes hasta la respuesta de la soledad.

Aún no hay respuesta al nombre amado. Aún no suenan dulces carcajadas y tardan en llegar los brazos cálidos y el cuerpo añorado y las manos que ayuden a despojarse del insoportable peso de la armadura y el manto de pieles…

Terminan las escaleras y la puerta, siempre signo del descansar y el olvidar la guerra y el mundo, ahora parece anunciar una tragedia no escrita, pues está cerrada. La pregunta crece y duele y la única manera de responder es abrir, aún si la respuesta duele más.

La puerta se abre. La ventana está abierta. Piedra desnuda y decoración postmoderna son una sola. Las imágenes se superponen y por un momento la enorme cama con dosel tallado parece ocupar un sitio sobre la alfombra y la ventana es a un tiempo marco de madera y gigantescos cristales corredizos.

Y la respuesta es una silueta diminuta tendida en un piso infinitamente lejano que es de concreto pero también de nieve y un rostro dulce cuyos ojos ya no se abrirán otra vez y cuya voz nunca responderá un eterno y doloroso por qué

 
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Publicado por en 2011/06/14 in Relatos Oscuros

 

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Alto

No sólo la guerra es violencia. Si quieres la paz, respeta la Vida.

No sólo la guerra es violencia. Si quieres la paz, respeta la Vida.

Si quieres la paz, respeta la vida.

Si quieres la paz, respeta la vida.

A medida que se acercan las temporadas taurinas en las principales ciudades del pais, crece también la inquietud de quienes creemos que la tauromaquia no es más que una obsoleta forma de entretenimiento a costa de la dignidad y la vida de seres inocentes, más cercana a una Misa Negra que a cualquier manifestación artística válida.

De otro lado, siempre están quienes alzan una voz doliente y furibunda ante cualquier manifestación de violencia en los medios mientras guardan como tesoros los abonos para la siguiente temporada y alaban después la pericia y habilidad de los toreros; yo mismo he sido víctima – en un incidente bien conocido de mis allegados – de discriminación mediática por presunto “satanismo” por parte de conocidos periodistas manizaleños que disfrutan, sin embargo, de la sangre derramada y el sufrimiento de los toros sacrificados al morbo público durante la conocida e infame Feria de Manizales. Infame por los toros, por los índices delincuenciales que los medios ocultan al mundo, por el turismo sexual del que participa una sociedad que se autodenomina “culta” – y cierra una Orquesta Sinfónica por falta de presupuesto mientras contrata a un escultor para que se deshaga de la basura de su taller regando por las calles de la ciudad esperpentos pintarrajeados que hablan muy mal del gusto estético y de la “cultura” de Manizales.

Este post está dirigido a quienes no son hipócritas. A quienes son conscientes de que la Vida es una y sagrada. Y está hecho para ser repetido, distribuido, copiado y enviado.

Es duro. Pero es cierto.

 
 

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Pacifism for the sake of pacifism is the height of arrogant selfishness when that belief prevents you from acting to save others from harm.

Michael A. Stackpole

Pero la violencia en nombre de la violencia es la cúspide del egoismo arrogante cuando esa creencia nos impulsa a dañar a quienes no nos han dañado.

 

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Amanecer

El carruaje del Sol ha abandonado su guarida tras las montañas lejanas.

Su luz me revela tu rostro, colándose por una rendija. Tu rostro dormido. Tu sonrisa. Tus ojos cerrados, a punto de abrirse para mirarme, como cada amanecer. Ese es el recuerdo con el que partiré: tus ojos cerrados, tu sonrisa tranquila y la melodía de tu respiración suave, casi, casi inaudible.

Tras los muros, afuera, hay ruido. Caballos que llegan al patio. Metal contra metal. Voces quedas y tensas. Pero hoy los hombres van a esperar. Me tomo mi tiempo para colocar cada pieza de la armadura en su lugar. Desde la cámara de armas puedo verte, aún dormida, aún sonriente. Cuando tomo el yelmo lo miro pensativo, y por un momento creo ver tras la visera unos ojos furiosos. Acaso los mismos que hoy muchos verán justo antes de morir.

Con reverencia desenvaino la espada. Con cuidado, en silencio. Ese desenvainar ruidoso y resplandeciente que pone el temor en el corazón de los enemigos se queda para el campo de batalla. No quiero que despiertes aún. La hoja capta ese mismo rayo de sol que me reveló tus labios y lo multiplica y me lo devuelve junto con una mirada triste.

Al descender las escaleras, los hombres contienen un grito de júbilo ante mi llegada. Entienden que aún duermes. Partimos llevando los caballos de la brida, y sólo sobre la hierba, fuera de los muros de la Fortaleza, montamos por fin, y partimos.

A medida que nos acercamos al estrecho paso donde, sabemos, habremos de esperar al enemigo – un enemigo despiadado y numeroso, sediento de sangre y hambriento de nuestras vidas – sólo recuerdo tu rostro dormido, sonriente, más bello que el amanecer pues hace mucho tiempo que es el único amanecer que quiero contemplar.

Es el único recuerdo que me interesa, pues no podría blandir la espada con la imagen de tus ojos tristes viéndome partir. Prefiero recordarte así, sonriente y dormida, como te he visto cada amanecer por un tiempo que ya parece siempre pero que, ahora que cabalgo hacia el destino, entiendo que fue insuficiente.

Mi espada defenderá tu sueño. Pero si el destino ha decidido encontrarme hoy, tu nombre será mi grito de batalla.

Ya basta de pensamientos tristes. El enemigo aguarda la muerte.

 
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Publicado por en 2007/03/30 in Relatos Oscuros

 

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Ragnarök

Ragnarök

Mi corcel ya no quiere trotar; la cabalgata devora leguas y el camino se queja como si presintiera el Destino. Ante mí se alza la Última Fortaleza y los altos estandartes saludan mi manto; mil arqueros preparan salvas de muerte y las puertas se cierran al asedio.

Y he aquí que levanto mi espada de hoja negra y reluciente en la cima de la colina y el filo canta en el viento. ¡Ya la Espada está clavada en la Piedra y hasta el Viento ha guardado silencio y las nubes aguardan temblando y el Fuego del Cielo se extingue con pánico!

Un mar de acero se estrella contra las altas murallas de piedra ¡Ese retumbar es el Universo mismo, que ya empieza a vacilar! ¡Es ahora cuando el valor encuentra su momento, y los hombres verdaderos medirán su temple!

Ya se acercan los campeones con sus estandartes y las trompetas gritan los desafíos ¡El acero quiere danzar! Allí llega el Infanticida, y en su mano trae a Caledwlch y más atrás, fiel y traidor, Llenlleawgh lo sigue.

¡Por otro extremo se acerca la Espada que fue Forjada de Nuevo y la noche presiente la caída de la Piedra de Elfo! Orlando ciñe su poderoso Cuerno pero sus ojos se dirigen adelante ¡Sólo tocará para anunciar que ha llegado el momento de la partida!

Un contingente entra en la liza: espadas desenvainadas, mantos blancos y la roja cruz templaria parece estar gritando ¡Paso, que la Muerte ha llegado! ¡Mirad, y maravilláos! Porque nunca antes y ya jamás estará reunida tanta sangre noble ¡Pronto será una con el suelo!

¡Oid! Que ya retumban los cornos de batalla: su rugido es la tempestad sus notas son la Muerte y su tiempo es el Destino! ¡Escuchad! Los tambores que trepidan son caballos que se acercan ¡Son corceles negros, pues es la Muerte quien cabalga!

¡Mirad! El fuego de mil antorchas se refleja en el acero ¡Ese resplandor es la Aurora de la Guerra! ¡Observad! Las altas lanzas son una letal floresta que avanza sin pausa por el último camino.

¡Salud por la Gran Fiesta! No son Campanas tocadas a rebato; son las espadas partiendo escudos y abriendo yelmos empenachados Y esos coros no son otros que mil gritos de batalla y otros tantos de agonía ¡Y la noche es joven aún!

Y he aquí que estoy en un Templo y las columnas son de humo y los muros de llamas trepidantes y el piso de roja sangre. ¡A los oscuros dioses de la muerte se ofrecen todos los sacrificios! ¡Hoy la Vida no tiene lugar! Tan sólo el terror y la destrucción.

 
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Publicado por en 2007/03/20 in Relatos Oscuros

 

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