¿Escritor? Pues entonces, ¡Escriba! ¿Sobre qué? Por ejemplo, sobre Ella: Alta, de cabellos largos y oscuros, ojos marrones – a veces dorados – inmensos, llenos de una luz que las palabras no pueden describir. Cómo no. Escritor, claro. Y en la cuarta oración habla de «luz que las palabras no pueden describir». Valiente escritorzuelo de quinta. ¿Andrés Caicedo, supongo? ¡Cuánto lo siento, señor Efraím Medina! La mediocridad confunde. Y no necesito posar de homosexual para despotricar de las mujeres que me han rechazado ni suicidarme para llamar la atención sobre mis (patéticos) escritos. Pocas mujeres me han rechazado. Y sigo vivo, Lo cual implica una cierta superioridad sobre ustedes. Perdedores posando oficialmente de hijos elegidos. ¿Y entonces? «Luz que las palabras no pueden describir» es MUY mediocre para un «escritor». Caicedo o Medina o hasta Fernando Vallejo podrían hacerlo mejor. No mucho, pero mejor de todos modos. Cierto. Luz como aquella que jamás veremos con los ojos mortales. Luz dorada, como aquella que brilló en los Primeros Días. Luz como la que sólo brilla en las estrellas que iluminan el camino de los dioses. Pero, ¿es que acaso hay dioses? ¡Por supuesto! Y cualquier argumentación en contra es inaceptable. ¿Cómo, si no, es posible explicar la Luz de sus ojos? ¿O el efecto que su sonrisa ocasiona en nuestro sistema circulatorio? Princesa. Reina. No. Diosa, ni más ni menos: con poder sobre esta pobre vida y la añorada muerte. Motivo suficiente para despreciar la compañía de la vieja Magra. Divinidad absoluta cuya mirada es la única riqueza que mi orgullo es capaz de mendigar. Patético. Pero entendible: ¿Cómo escribir un poema acerca de lo indescriptiblemente bello, sobre lo deseperadamente añorado? Mas no soy poeta, así que no tengo por qué escribir un poema. Porque tus ojos ya son un poema. Uno escrito con trazos antiguos pero tan frescos como la Creación: Tan antíguos como el primer rocío sobre la flor primera. Frescos como el rayo que el Sol envía por sobre montañas para explorar el nuevo día y anunciar a la noche su pronta retirada. Como es poema tu sonrisa, con poder sobre la vida y la muerte: la sonrisa que los guerreros quisieran ver en las Valkirias, sonrisa que he visto en vida y quisiera disfrutar hasta el final y por la cual sería tu nombre mi grito de guerra en la última batalla. Como son poema las palabras sueltas que liberas en la distancia, recordándome que soy humano, enseñándome que me recuerdas, hablándome de una realidad alterna y adorada. Pero las palabras fallan. Se agotan. Se pierden entre las horas y el viento, entre la oscuridad y las culpas, escapan hacia el tímido olvido.
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