1.
Un muchacho de trece o catorce años, más bien pequeño para su edad y con enormes gafas de carey, hace fila con paciencia entre una desesperante caterva de gamines que no tienen nada mejor que hacer que importunar a quienes en realidad les interesa la película que, de forma gratuita, alguna institución cultural presenta los sábados y domingos por la mañana.
El chico no tiene idea de qué se trata, pero el título es atrayente y el afiche muestra un mago (con ese sombrero puntiagudo y las largas barbas blancas tiene que ser un mago) sosteniendo una magnífica espada. Suficiente para él, y en todo caso mucho mejor que ir a misa.
La película es extraña y el final es… absurdo. Es decir, no hay final. Como si al director se le hubiera acabado el presupuesto a la mitad del trabajo. Tardaría aún quince años en enterarse de que, en efecto, a Ralph Bakshi le cortaron sus ingresos justo cuando iba por la mitad de su adaptación animada de El Señor de los Anillos. Ah, pero en la mente inquieta del chico quedaron sonando nombres y temas. La Tierra Media, Sauron, el Anillo Único, los Hobbits…
2.
Calor. Calor. El termómetro marca 32 grados centígrados, y eso a la sombra. El muchacho, que ahora tiene quince años, soporta con estoicidad la temperatura con la vista fija en una revista – un catálogo de libros – cuyas páginas pasa con lentitud, tras haberse apropiado con minuciosidad de la sinopsis de cada uno de los libros que le puedan interesar. Y de pronto aparece un dragón. En principio no le gusta mucho la ilustración, es a un tiempo plana y con demasiados detalles. Y el hocico del dragón le parece demasiado puntiagudo y lleno de escamas y colmillos…
Pronto el dragón desaparece de su mente. Un nombre, exótico en sí mismo, evocador de una realidad diferente – una en donde sin duda no hay 32 grados a la sombra ningún dia del año – y una foto de un bondadoso anciano con una pipa en la boca. TOLKIEN. Y, abajo, la fotografía de tres libros; sólo se ve con claridad la portada del primero: LA COMUNIDAD DEL ANILLO. ¿Dónde ha visto eso? ¿Y ese nombre tan extraño?
3.
La biblioteca de la universidad es demasiado ruidosa para su gusto. No quiere estudiar matemáticas, por supuesto. De todos modos, la materia ya está perdida y tiene otro par de oportunidades para pasarla antes de que lo expulsen. Si es que decide seguir adelante con esa absurda carrera. ¿De dónde había sacado la estúpida idea de estudiar ingeniería? En la ventanilla de la sección de reserva, alguien entrega un enorme volumen de tapas violeta con UN DRAGÓN en la portada.
¿Dónde ha visto ese libro antes? Nunca lo ha tenido en sus manos, está seguro por completo. Se pone en pie y pide a la empleada que le enseñe el libro: ENCICLOPEDIA DE TOLKIEN, por David Day. Aún sin recordar los 32 grados centígrados y el catálogo de libros, se lo lleva a casa y, al día siguiente, cree saberlo todo sobre la Tierra Media y está hipnotizado con los Elfos.
Por supuesto que los libros – los verdaderos, los que CUENTAN la historia – están en la biblioteca: los tres, pero sólo puede sacar uno por vez. Al entregar LAS DOS TORRES, una semana después, se entera, con desánimo, de que EL RETORNO DEL REY lo tiene alguien más. Un poco de insistencia y de caballeroso encanto con la lúgubre anciana que atiende el mostrador le consigue un dato importante; quien tiene el libro en su poder es, por pura casualidad, la chica más atractiva, popular y prepotente de su curso de física. Agh. Física. Qué asco. Y hablarle a ESA chica… Casi habría preferido partir solo hacia el Monte del Destino. Pero, ¿qué se podía hacer? TENÍA que leer el libro.
Dos horas más tarde lo tenía en sus manos; sólo le había costado un par de cafés, un poco de charla barata y una corta caminata hasta el apartamento de la muchacha, y librarse, nunca supo del todo cómo, de la melosa insistencia de la chica para que se quedara un poco más. #FACEPALM.
—
Y así empezó todo. Año y medio más tarde el chico se había cambiado de carrera y mientras estuvo estudiando Diseño (aún no entiende de dónde sacó la estúpida idea de que estudiar diseño era BUENA idea. #FAIL.) de algún modo se hizo a sus propios ejemplares, que ahora están, cree, en Canadá, o en una tierra lejana llamada Suemox, quizá. No importa; en su biblioteca hay un enorme tomo ilustrado del Señor de los Anillos y ediciones en inglés del Silmarillion y El Hobbit con ilustraciones del Profesor mismo, y ya conoce un montón de gente… Bueno, no un MONTÓN en realidad, pero sí algunos más que hace años, que no lo miran con ganas de ponerle una camisa de fuerza cada vez que menciona el nombre de TOLKIEN. No es feliz – aún – pero al menos esa parte de su vida tiende a ser satisfactoria. #WIN.




