At The Devil’s Door, Nicholas McCarthy, 2014

At the devil's door

At the devil’s door

No es la típica cinta hollywoodense llena de sobresaltos. Es una película para tener paciencia, estar pendiente de los pequeños detalles y prepararse para lo que venga.

Personajes bien construidos, una historia sin pretensiones, simple, bien contada, coherente, y un par de giros interesantes. Un ‘slow-burner’ de los que arde lento para alcanzar alta temperatura sin alterar el ritmo.

No es un ‘video encontrado’ ni parte de la campaña evangelizadora católica (‘El Conjuro‘, ‘Líbranos del Mal‘, ‘El Ritual‘). Es una buena película de terror, es decir, una de las que las distribuidoras jamás traerán a las salas locales.

Huellas

Huellas

Huellas

Hace un par de años, viviendo solo en un pequeño apartamento, reporté a varios conocidos un suceso extraño y para algunos de ellos, siniestro.  En principio lo sentí así pero luego me tranquilicé.

En varias ocasiones, tras tomar una ducha caliente, pude notar que en la esquina superior derecha del espejo (que abarca casi toda una pared) se formaban las huellas de una persona muy pequeña. Un niño de no más de cuatro o cinco años.

A veces era una sola. En otras ocasiones había varias huellas de diversos tamaños, todas muy pequeñas. De cuando en cuando eran débiles, pero al menos una vez era tan clara como si la manita que la creó se hubiera retirado en el instante mismo en que miré el espejo.

Muchas cosas sucedieron en mi vida, dejé el apartamento y no volví a ver las huellas.

Pero recientemente volvieron a aparecer. En sueños, al menos, pero la experiencia fue aterradora, más por el sobresalto y el recuerdo que por las circunstancias específicas del sueño. Mi trabajo reciente con niños de seis a ocho años, el stress de esa misma labor junto con la tensión de muchas otras situaciones, lo podrían explicar.

Pero en una noche reciente la experiencia fue sobrecogedora.

No recuerdo el sueño – suelo recordar muy pocos de ellos – pero tenía que ver con niños. Dos niños pequeños que no conozco. Un niño y una niña, de edades diferentes. Recuerdo perfectamente el cabello rubio y rizado de la niña, la más chica, de tres o cuatro años.

Desperté sobresaltado cuando en el sueño, en un ataque de furia, la niña me empujó con fuerza apoyándome una manita helada en la mejilla. Acabo de sufrir un escalofrío recordando.

Desperté con esa desagradable y repentina sensación de caída con que sale uno del estado onírico cuando dentro de él encuentra la muerte.

Desperté sin poderme mover durante un momento, pero con los ojos bien abiertos. A mi derecha, las luces artificiales de la calle, seis pisos abajo, filtradas por la cortina. A mi izquierda, la penumbra de la cocina y en el extremo más remoto, el rectángulo oscuro de la puerta principal. Y en mi mejilla, durante lo que pareció una eternidad – pero en realidad no más de unos segundos – la sensación clara, real, de una mano diminuta y helada, apoyada con fuerza, empujándome.

“Monsters” de Gareth Edwards (2010)

Monsters

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“Monsters” de Gareth Edwards (2010), una historia simple en la que el entorno de Ciencia Ficción distópica no es más que excusa y metáfora de las tragedias cotidianas de los dos protagonistas.

La película debería ser obligatoria en todos los pénsums con contenidos audiovisuales, pues enseña valiosas lecciones argumentales, técnicas y, sobre todo, la enorme diferencia que hay entre presupuesto y calidad.

Si le gustó “Godzilla”, le resultará interesante saber de dónde viene el director. Si no, también le encantará saber que Gareth Edwards no es otro Michael Bay y que hay toda una nueva generación de realizadores que saben hacer cine.

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Qualmë ná i tië elmendanna *

Death is the road to awe

Death is the road to awe

* Death is the road to awe. La Muerte es el camino al asombro. En Quenya, lengua creada por John Ronald Reuel Tolkien.

Epílogo

Epílogo

Epílogo

Qué fácil, qué simple es para algunas personas ‘amar’, y qué simple, qué cruel es para ellas cambiar una página. ‘Quedo pendiente del envío de mis cosas’, y ya. Y se cierra un capítulo (pese a que el siguiente ya tenía escrito como mínimo el prólogo cuando yo pensé que en el mío apenas terminaba la Obertura).

‘Mis cosas’. ¿Y quién me devuelve a mí ‘mis cosas’?

– Una sonrisa, ya rara por naturaleza.

– Unos sueños, innumerables, irrecuperables, creados al ritmo de su risa, su mirada engañosa y sus palabras efímeras y hermosas.

– Un futuro. Pisoteado y sucio y diminuto como estaba al principio me serviría. Porque el lustre y las columnas nuevas estaban hechas de sueños e ilusiones pasajeras, y esas cosas son combustibles, y se queman con la mínima malicia, y queman todo lo demás.

– Como siete leyendas, muy hermosas, vivas, sin final pero que iban creciendo poco a poco, alimentadas por la misma alegría que después se volvió veneno, y de no tener final pasaron a estar decapitadas, derramando oscura desesperanza por el cuello cercenado, arrancado a la fuerza, ni siquiera piadosamente cortado con la hoja afilada, cruel pero honorable de la verdad.

– Una brújula. Invisible, un poco loca, de Norte saltarín, pero construída con engranajes traídos de tierras mágicas. Ya no se mueve. La aguja se ha convertido en una sombra que apunta siempre hacia el pasado.

– Magia. La misma que hacía germinar poemas donde se habían sembrado viejos dolores, y cuentos de fantasía en el depósito de pesadillas. Ha quedado ennegrecida y maloliente, y los hechizos de las palabras no son más que fragmentos oscuros que buscan una pesadilla para ser parte del horror, que por infernal que sea es más bello que lo que son ahora.

– Una hermosa colección de recuerdos. Las memorias están intactas, pero ha cambiado en ellas la iluminación, y algunos protagonistas parecen cadáveres.

– La confianza. Ya venía fracturada, sí, pero, ¿eso significa que había el derecho de patearla, azotarla contra las paredes, arrojarla desde un quinto piso después de haberla vendado y emborrachado con ambrosía?

No, soy desagradecido. Al menos me ha quedado la Verdad, esa sobrevalorada reliquia con su enfermiza linterna que apaga la felicidad y permite ver el mundo como el sitio pétreo, gris y horrendo que es.

Gracias por la verdad. Por esa, la única que quedó.