The Vvitch (Robert Eggers, 2015)

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El público aficionado al buen cine, antes que a un género concreto, sabrá apreciar la maestría de una película construida alrededor de dos focos fundamentales: el contexto y la historia.

La primera es un completo, nada pretencioso, entretejido de detalles visuales y ambientales; una fotografía minuciosa en los detalles, las luces y los colores del siglo XVII, todo amalgamado por diálogos en el lenguaje de la época (lo que hace difícil seguirlos sin ayuda de subtítulos) y apoyado en una banda sonora minimalista, menos efectista que atmosférica y cuidadosamente cincelada exactamente en los puntos adecuados.

La historia, ingenua y directa, se desarrolla desde la perspectiva de colonos profundamente religiosos en una Nueva Inglaterra virgen aún, desconocida y atemorizante; una familia recién llegada del Viejo Mundo y ya enfrentada a los desafíos de la multiculturalidad expresados en las diferencias religiosas que los obligan a exiliarse de la comunidad y vivir aislados.

Aunque fue comercializada como una pieza de terror, la película es mucho más que eso; por un lado, es un trabajo del más puro arte cinematográfico, más interesado en la creación de una obra completa, integral, estructurada, que en venderse a un público concreto. Por otro lado, es una exploración cultural detallada y muy respetuosa de tradiciones y creencias que siguen siendo muy arraigadas, lo que puede verse en las críticas positivas recibidas de grupos religiosos tanto cristianos como satanistas (Sharf, Z. (2016). Indiewire.)

En el fondo, la película retrocede hasta enfrentar al hombre con lo desconocido en su forma más primitiva; la historia es la misma que subyace en relatos de Algernon Blackwood, Edward Longfellow o Jack London y se centra en el enfrentamiento con la vastedad de lo salvaje, con la soledad de las grandes extensiones inexploradas. En estos relatos, como en “The Vvitch”, el terror por lo desconocido se expresa metafóricamente en un enemigo sobrenatural potenciado por la superstición y alimentado por la locura. Pero, además, hay una profunda exploración de la espiritualidad que, alejada de todo lo que considera cierto y enfrentada a un futuro lleno de incógnitas, busca en lo sobrenatural una explicación de la desgracia.

De resaltar la cuidadosa construcción e interpretación de los personajes y la interacción de una familia llena de amor y de temor.

Y aunque haya mencionado antes que clasificar “The Vvitch” como una película de terror puede ser una simplificación muy injusta, se trata de una obra perturbadora; la historia, la narración y la atmósfera logran momentos muy inquietantes; pero, además, retrata con fidelidad una serie de tradiciones folklóricas a las que ningún entorno es ajeno; si en nuestro medio se realizara un trabajo similar, encontraríamos relatos muy similares alrededor de la brujería.

Un muy buen ‘slow burner’, una producción perturbadora y de factura impecable, realizada por un equipo que sabe cómo, primero, hacer buen cine y luego, contar una buena historia llegando hasta el fondo del alma.

 

Amanecer de la Justicia en el anochecer de un género

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Pese a las críticas negativas, en mi opinión injustificadas, a “Man of Steel” (Zack Snyder, 2013) y a mi propio escepticismo respecto a Ben Affleck con una máscara tras su fallido intento de “Daredevil” (Mark Johnson, 2003), “Batman v Superman: Dawn of Justice” ha sido una película largamente esperada, sobre todo desde la primera vez que puse mis ojos en un ejemplar de “The Dark Knight Returns”, la magnífica novela gráfica de Frank Miller que rescató no sólo a Batman de la batimuerte apestosa en medio de la batifamilia, el batiperro y el batiduende, sino a la totalidad del Universo DC, sumergiendo personajes icónicos en el concepto de que el cómic no es necesariamente para niños y que incluso un personaje cincuentón puede mirarse desde nuevos puntos de fuga.

Pese al infortunado ‘spoiler’ innecesario en los cortos promocionales, la experiencia de “Batman v Superman” fue muy superior a la expectativa. Tanto Snyder como los guionistas, David S. Goyer (“Blade”, “Batman Begins”, “Man of Steel”) y Chris Terrio (“Argo”), hicieron muy bien la tarea en cuanto a documentación sobre los cómics se refiere.

Ben Affleck se luce como un Batman sociópata que a duras penas soporta la máscara de Bruce Wayne; una criatura profundamente perturbada que ocasiona terror paralizante. No es un vigilante enmascarado; es un monstruo nocturno, una pesadilla que poco a poco cae en el vórtice de miedos complejos magistralmente presentados, explicados a través de unos pocos minutos oníricos y expresados en forma de violencia brutal.

Superman es un Clark Kent completamente coherente con el que ya vimos en “Man of Steel”; un chico del campo lidiando con una herencia difícil, haciendo lo que considera correcto con una ingenuidad campechana que lo convierte en blanco fácil de un Lex Luthor mucho más demente, retorcido, perverso que cualquier encarnación anterior. Aunque la interpretación de Jesse Eisenberg no alcanza la calidad de Gene Hackman, ofrece una perspectiva nueva, que se aleja del clásico villano que debe explicar sus motivaciones. Y aunque las del nuevo Luthor están claras – ¡Está rematadamente LOCO! – la historia misma va ofreciendo pistas acerca de sus objetivos y maquinaciones.

Hay un momento anhelado por todos los directores. El aplauso, ese fenómeno cada vez más escaso en nuestras salas de cine – no es que “Crepúsculo” o “Los Juegos del Hambre” y sus clones den muchas ganas de aplaudir – es el mejor homenaje a un personaje interesante, a una acción impactante o a un giro inesperado y positivo. Y ese momento lo brinda la aparición de una Mujer Maravilla fuerte, hermosa y digna representante de las Amazonas; Gal Gadot quizá no resista, frente a frente, la comparación con la despampanante Lynda Carter, pero su belleza más mediterránea y su pura actitud guerrera y heroica le ponen al público a sus pies en segundos. Diana de Themyscira es una mujer fuerte por derecho propio, que acude a rescatar a los héroes en problemas y que no necesita a ningún Steve Trevor que la desamarre cuando se deja atrapar. La toma en que sonríe con ferocidad ante un ataque de Doomsday es memorable.

La historia no es compleja pero se enriquece con las motivaciones personales; Superman es extranjero y es poderoso: la envidia, la ignorancia, la incomprensión y el fanatismo entran en juego. El gobierno lo quiere bajo control, Batman lo quiere matar, Luthor quiere el caos. Más allá de la espectacular narración visual y la lealtad al medio gráfico original, es aquí donde el guión y la dirección brillan. Snyder no necesita las bizantinas conspiraciones dentro de conspiraciones de Hydra ni las cuestiones éticas en apariencia sutiles que separan a Tony Stark de Steve Rogers; Batman es un ser humano que piensa en salvar a la humanidad desde su oscura y violenta sociopatía en tanto Clark Kent es un Boy Scout torturado que intenta seguir las enseñanzas de un padre ingenuo y las exigencias de un romance contemporáneo.

Batman v Superman: Dawn of Justice” no cuenta ninguna historia nueva, y el tratamiento de los personajes y sus interacciones siguen los lineamientos de décadas de cómics con mucha menor libertad argumental que otras películas similares de moda, y ese es su gran valor. Los aficionados que crecimos con las páginas de Batman y de Superman en las manos queremos exactamente lo que pasa en la pantalla: ver los cuadros cobrar vida de manera épica; sentir que los golpes de Superman son sísmicos y que el odio de Batman se proyecta en puños que incrustan terroristas en la pared; percibir la semidivinidad de Diana y la humanidad, físicamente frágil entre tanto poder sobrehumano pero llena de fuerza interior de Martha y Louise.

El espectador desprevenido, ese que busca la acción, los efectos especiales y la fotografía atractiva también puede encontrar esta película muy entretenida; el fanático acérrimo del Universo Cinemático de Marvel, si es capaz de verla con ojos imparciales, encontrará un enfoque diferente a un género que empieza a desgastarse demasiado pronto (gracias, Disney), con una historia en la que el humor no necesita chistes estereotípicos y que logra un conflicto de dimensiones épicas con sólo dos personajes bien construidos.

 

Star Wars: La Fuerza ha despertado

ADVERTENCIA
Este comentario no contiene spoilers.
Han Solo

Han Solo

Lo que George Lucas reinventó en 1977 no fue la Ciencia Ficción, ni la Ópera Espacial. Fue la Aventura como género cinematográfico; la simple y milenaria lucha entre el bien y el mal. Tanto Kirschner en 1980 como Marquand en el 83 entendieron el objetivo y en 2015, Jeffrey Jacob Adams no sólo lo entiende sino que lo renueva; “The Force Awakens” es exactamente eso: una historia de aventuras con ritmo, que logra coherencia por ser simple y lleva al espectador a una galaxia muy, muy lejana, donde la política se queda tras bambalinas y el Amor, más que la Fuerza, es el combustible que mueve al Universo.

Los personajes, tanto los viejos amigos como los nuevos invitados, son cercanos, es posible sintonizarse emocionalmente a ellos, amarlos u odiarlos dentro de la pantalla – queremos verlos para seguir odiándolos y hasta temiéndolos.

No se puede afirmar que la película nos cuente una historia nueva, pero, ¿qué historia es realmente nueva en el mundo? Héroes, villanos, víctimas y McGuffins cambian de rostro, de máscara o de manto pero, en una buena historia, siguen siendo Beowulf, Arturo Pendragon, Isolde, Fáfnir o el Anillo Único. Lo importante es contarla bien; pegar la audiencia de las sillas y sacarle un aplauso o hasta una lágrima de vez en cuando, y eso es lo que J. J. Abrams entiende y logra con maestría y elegancia, rindiendo además un homenaje a todos los creadores y realizadores que hasta ahora habían participado en la construcción del Universo Expandido que desde ahora se convierte en Leyendas.

Los aficionados hardcore de Star Wars encontrarán esa misma Galaxia que alguna vez se les extravió, pero los recién llegados tienen a disposición mundos nuevos y preguntas frescas. La narración no es para los cuarentones que vimos las películas originales el día del estreno – aunque disfrutamos y sufrimos “The Force Awakens” con entusiasmo y llanto – sino para los chicos de siete u ocho o doce años que están encontrando el comienzo de su propia leyenda. Claro, hay guiños, referencias y chistes; pero en ningún caso quien no haya visto las seis películas anteriores – ni siquiera el excelso y amargado uno por ciento – se sentirá excluído ni requerirá una consulta en Wookieepedia.

Aventura y drama sazonados con la pizca justa de comedia inteligente; paisajes familiares con el toque adecuado de espectacularidad y el sentido de lo épico que el maestro John Williams sabe tan bien cultivar desde su arte, si bien hay que reconocer que la Marcha Imperial o el leitmotiv de la Princesa Leia son indestronables.

En cuanto al uno por ciento… Ustedes se lo pierden.

Star Wars: Epopeya Musical

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A pocos días del estreno de la nueva instancia de una de las franquicias más populares e influyentes en la cultura popular contemporánea, no puedo esquivar la oportunidad de recordar una de las mejores características distintivas de la saga.

Vamos a escuchar algunos de los temas representativos en orden cronológico.

La Fuerza, tan antigua como el Universo. Y desde el principio hay conflicto entre la Luz y la Oscuridad. Hace milenios los Oscuros Señores del Sith buscan el Poder.

Todo empieza con un niño. El conflicto galáctico en gestación, los poderes que forjan el destino apenas son parte del paisaje para un chico provinciano, aún inocente y de ideas románticas.

Pero el Lado Oscuro de la Fuerza, bajo el control de los Oscuros Señores del Sith, cierra sus tenazas alrededor de la República y sus guardianes, los poco prevenidos (y, como se demostrará en el transcurso de la historia, más bien poco brillantes) Caballeros Jedi.

El tiempo transcurre, y el joven Anakin ya no es niño inocente; es un adolescente confundido, rebelde y arrogante con altos ideales y bajos instintos. Y un maestro poco preparado en pedagogía.

Y ese chico se ve convertido de pronto en guerrero, en líder y héroe.

Pero no es el único héroe. Los soldados clones de la República ponen sus vidas entre los millones de ciudadanos y los horrores de la guerra.

La Guerra Clónica llega a su clímax; los jugadores tras bambalinas van apareciendo y los viejos y desgastados ideales de la antigua República se desmoronan. De las cenizas se levanta un Nuevo Orden.

En un lejano planeta desértico, la última esperanza de la República aguarda un llamado de la Fuerza para entrar en acción.

La Fuerza tiene otra carta oculta, en un planeta muy diferente. Una princesa educada para la diplomacia pero lista para la guerra.

Y La Fuerza tiene un propósito al reunir a esa banda irregular de rebeldes; el Imperio Galáctico representa la Oscuridad, y debe ser detenido a toda costa.

La victoria es efímera; el poder del Imperio es indetenible.

Y ante el brutal avance de la maquinaria de guerra del Imperio, sólo queda retirarse y reagruparse.

Aún hay esperanza; en el lejano planeta Dagobah, un viejo Maestro aguarda en silencio para llevar el conocimiento de La Fuerza a su último alumno.

La confrontación entre ambas caras de la Fuerza es inevitable, como lo es la derrota del héroe con valor pero sin experiencia.

El Imperio no es el único enemigo; el Lado Oscuro dela Fuerza está presente en los más recónditos sitios de la Galaxia; el poder tras el poder conspira, serpentea, traiciona…

La Fuerza está en la unidad, en los lazos de amistad y lealtad y en la reunión de talentos y habilidades que permiten  a una pequeña banda de rebeldes enfrentar amenazas grandes o inmensas. Como derrotar un Imperio Galáctico.

El Emperador ha muerto, una vieja profecía se ha cumplido, y la Galaxia recupera la esperanza en la Paz.

Sí, claro.

Hay historias que jamás terminan. Y somos felices por eso.


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Ciencia ficción coherente

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Todos hemos escuchado o leído sobre el gato de Schrödinger (y si no, es hora: Schrödinger’s Cat Infography); en resumen, todas las posibilidades son reales hasta el momento mismo en que una de ellas es revelada.

Pero, ¿qué pasaría si por una interferencia todas las realidades se entrecruzaran?

“Coherence” (James Ward Byrkit, 2013) explora esa posibilidad a través de una historia simple, sin pretensiones ni artificios; un grupo de amigos alrededor de la mesa. Ciencia Ficción que no requiere efectos especiales ni oposiciones maniqueístas héroe – villano; no hay ‘aliens’ aterradores suplantando humanos, pero tampoco se trata del experimento en video de baja definición con monólogos interminables que intentan explorar el límite entre la física y la filosofía (y consiguen de manera muy efectiva dormir al segmento de audiencia que no está en las drogas). La película es acerca de seres humanos comportándose como seres humanos, lo que la hace, además, una muy buena historia de misterio.

“Coherence” es, desde hoy, una nueva entrada en mi Top 10 de la Ciencia Ficción.